sábado, 29 de diciembre de 2012

Tu nombre junto al mío

El tiempo no pasaba
esperando tu regreso
algunas palabras rebotaban
mientras yo miraba

Quería verte y terminar
con las hojas que caían
las cenizas del hogar
y este frío polar.

Mientras mi café se enfriaba
tu recuerdo se entibiaba
tu sombra en mi sombra
dos de azúcar al café.

Y una lluvia que caía
lavaba la tiza
que en el suelo escribía
tu nombre junto al mío.

Tu nombre junto al mío.


domingo, 23 de diciembre de 2012

No cayeron lágrimas, porque no las merecías. Pero en mi pecho se sintió el flechazo frío de la indiferencia. Mi corazón no sabe de merecimientos; y yo, sigo siendo el mismo idiota que cae en tu juego, que queda atrapado en tus trampas. Una vez más, fracaso. Otra vez mi castillo de cristal  se rompe (¿No seré yo el problema?). Y ahora ¿Qué hacer con los montones de ilusiones que juntaba en mis manos, con los sueños, los planes, las tardes, y todo lo que tenía para darte?
El sueño me dobla pero... ¿Cómo dormir hoy? ¿Vos podés? Yo sólo reviento de rabia y cierro fuertemente los ojos. Ojalá tuviera un corazón como el tuyo, un corazón de metal.

viernes, 21 de diciembre de 2012

De repente sólo queda esperar, esperarla. Asionsa espera, y un segundo es un minuto, y las semanas son eternas. De repente, ni la lluvia ni el calor, sólo es ella. Caigo en la monotonía aburrida, me mata la ansiedad y la incertidumbre. Lucho contra mí, sólo queda esperar.
Desde que sólo pienso, los días son más complicados. Desde que sólo espero, las noches son más largas. Desde que sólo deseo, el calor es más insoportable. Desde que no puedo sacar mis ojos de los suyos, ya nada es tan hermoso. Desde que un pequeño brote nació de la cenizas, no soy más que un tonto con imaginación.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Si no lleva tu nombre.

Un poema no es lo mismo
Si te tiembla el pulso al escribirlo
Si el pecho se tensa solo con pensarlo
Tengo miedo, sí, tengo miedo
Los hombres también tienen miedo
Miedo de volver a repetir
de cometer los mismos errores
Miedo de perderte, una y otra vez.
No me lo perdonaría.
Algún fantasma del pasado
Merodea por mi casa
Revuelve los cajones,
Alguna carta y repasa viejas fotos
Recuerdos de duelen
Y otros que no tanto
El calor, el frío.
Tus ojos, un poco de los dos.
Los míos ya no saben qué mirar
Tus manos, tu piel, tu pelo
Mi cabeza, mis ideas y mis nervios.
El miedo y las dudas
De saber si estoy pensando
O si dejo de pensar
Un poema no es lo mismo
Si no se escribe con mi sangre
Si no duele al dibujarlo
Un poema no es lo mismo
Si no se hace a la noche
Si no lleva tu nombre.

miércoles, 19 de diciembre de 2012

Creo

Creo aprender, y de nuevo el mismo error. Creo crecer, y de nuevo me siento un niño. Creo olvidarte, y un pequeño roce tuyo revive lo olvidado. Creo no quererte, y me doy cuenta que te quiero. ¿Como hacer para que esta vez no me dejes con la espalda cargada de sueños? Creo saber la respuesta, pero al momento de responder solo hay dudas. Ojala una simple poesia, o mil, bastaran para tenerte, para que mis noches no pesen tanto. Ojala pueda aprender, crecer, olvidarte, quererte... Ojala tenga la respuesta a tantas dudas. Ojala tu sonrisa sea el faro que ilumina mi camino.

jueves, 13 de diciembre de 2012

Necesito odiarte


Necesito escribirte, recordarte para siempre que te odio. Que odio odiarte y me encanta hacerlo. Necesito llamarte y decirte que aunque en tus ojos encuentro la paz, te odio. Quizás te odio porque te quiero, o te quiero porque te odio, pero necesito que lo sepas: te odio. Necesito escucharte decir lo que yo siempre quise, necesito que me digas lo que el frío no me deja. El frío azul de tus ojos. Los odio. Necesito que nunca olvides que te quiero y porque te quiero te odio. Que te extraño, que te necesito, que las noches son más largas ahora, que tus ojos me congelan, en fin, que te odio.

lunes, 24 de septiembre de 2012

Otra vez el mismo, que viene y no se cansa. Otra vez yo. Que vuelvo y vuelvo. Tratando de convencerte con mis inútiles planes y mi poesía descartable. Torpe y con el pulso acelerado cada vez que me acerco, triste y con los hombros bajos cada vez que me alejo. Vuelvo y vuelvo inútilmente, con mi tonta esperanza. Y yo sé que necesito volver, porque me canso de verte cada día, cada tarde y cada noche apareciendo en mi mente.

jueves, 19 de julio de 2012


Cada día me decepciono más. Nuevos fracasos, nuevos futuros que se rompen. Estúpido que sueña, estúpido que se ilusiona, estúpido que ama. ¿Para qué amar? Todo sería tan fácil… Dueño de un corazón que no se cansa de chocarse con paredes, de clavarse estacas. Dueño de una cabeza que busca imposibles, tan extraña y rebuscada, una cabeza que siempre quiere lo mismo por más de que jamás lo consiga.
Y acá estoy, de nuevo, refugiándome en el papel, creyendo que algún día de esto algo bueno va a salir… Y otra vez, creyendo, soñando. ¿Para qué? si siempre termina igual.
Ya ni tinta ni borrones, ni lágrimas ni risas. Ya nada me queda. Sólo una cara de póker, sin gestos, sin emociones y una espina que se clava más y más, cada noche más y más.
Pero… Si es tan linda la noche. La Luna, las estrellas, la inmensidad del Universo y sus misterios. ¿Por qué de noche siempre? ¿Por qué? Si es tan linda… 
Puede apagarme o despertarme, así como el viento puede hacer morir la llama y puede revivirla. Vos y el viento, yo y el fuego.
El azul infinito del cielo envidia la ternura de tus ojos y no hay campo de trigo que no sueñe con tu pelo.

miércoles, 18 de julio de 2012

Al Acecho

       El cielo ya estaba iluminado por la Luna y las estrellas. No sé si recuerdo alguna noche tan fría como esa. 
Martín no bajaba la guardia. Miraba en todas direcciones con ojos vigilantes. La había tenido tan cerca... Casi había podido. Pero se había escapado y ahora...
Las horas pasaban. Martín estaba muy cansado pero era imposible dormir, imposible con ella acechando. Primero acechador y ahora, ¿presa? Sí, tenía miedo.
Recordaba otras noches iguales a esa. Hasta ahora su habilidad de vigilancia y su velocidad nunca le habían fallado. Pero siempre puede haber una primera vez... Y si no queremos que llegue es todavía peor.
     Pensaba en esa noche de niño, cuando tuvo que dormir con su madre porque todavía la película de terror seguía molestando en su cabeza. Pensaba y comparaba... Sí, eran sensaciones similares; pero ahora ya no era más un chico, no podía estar tan asustado, era un hombre. Los hombres no tienen miedo. No los verdaderos.
     Pero de nuevo su mente se concentraba exclusivamente en encontrarla. ¿Y si había más que no había visto? No, no podía ser. Además, era mejor pensar en positivo. Siempre es mejor, y más en estos momentos de tensión.
     La bestia esperaba, sabía que descubrirse era sinónimo de muerte. Sabía que Martín estaba al acecho y, para colmo, armado.
     La fiera también recordaba momentos pasados. Pensaba en la casa donde nació y lo feliz que era. Y ahora acá, a punto de morir. O quizás podría escapar...
No era mala, pero su aspecto no le jugaba a favor. Patas peludas y poco carnosas, varios ojos, también rodeados por pelos y un cuerpo desproporcionado. Lamentaba su apariencia, ella quería ser feliz.
     Ya había pasado más de media hora y Martín seguía agazapado, buscando por toda la habitación. De pronto pudo verla, o vio un movimiento de ella. Sí, era. Allá está. No quiso esperar más, dobló aún más la revista nº 12 de decoración de interiores, llevó su brazo hacia atrás y velozmente-con los ojos cerrados- golpeó al pobre bicho que ser había escondido muy bien -aunque no lo suficiente- entre la mesita de luz y la pared.
     Sus seis patas, sus ojos y su desproporcionado cuerpo quedaron estampados contra la pared. Martín no quiso sacarla, prefirió conservarla como un trofeo de cacería. Al fin podía dormir tranquilo.

martes, 12 de junio de 2012

Sólo tocar tu pelo y delirar, alucinar. Tenerte cerca y pobre mi corazón que, desesperado, se mueve de aquí a allá. Te veo pero no estás, toco tu recuerdo con mis manos, hablo con fantasmas. ¿Dónde estarás? ¿Pensarás en mí?

domingo, 20 de mayo de 2012

- Adentro y cállese- dijo el guardia empujándolo adentro de la celda.
      El reo lo miró, en sus ojos se veían el miedo y el odio. El hombre cerró la puerta y la luz se apagó. Dentro de la celda estaba completamente oscuro, no había nada ni nadie.
      Crimen imperdonable, pecado inhumano. Ahora estaba encerrado en una habitación tan horrible como sus últimas acciones. Sin luz, sin compañía, sin ninguna distracción posible. Y tendría que esperar allí mucho tiempo, seguro, no lo sabía. Es más, dudaba si algún día iba a poder salir.
      Recordaba el color verde del pasto, el celeste tan profundo del cielo, recordaba los sonidos de la naturaleza: la música de los pájaros, los quejidos de los insectos y las conversaciones de los perros. Ya la extrañaba. Pensó en ella y en cómo disfrutaba tocándola, como lo llenaba de placer. Se imaginaba tocándola, poseyéndola y siendo poseído; sus dedos sentían su suave tacto que solía lastimarlos llenando aún más de placer la situación. Recordaba la felicidad que le daba ser un humilde imitador de la naturaleza. Pensando y recordando, sentado en un rincón, lloró hasta quedarse dormido.
      Se despertó, dolorido, con la voz de alguien que pasaba un plato con comida hacia la celda, si es que se le podía decir comida. Era tan asquerosa que optó por no comer.
      Pasaba el tiempo, mucho más lento para él. En su cabeza sonaban algunos arpegios y una melodía que hacía no mucho tiempo sus dedos la hacían vivir. No soportaba más el encierro. Morir era lo mejor que podía pasarle. Pero no iban a ser tan amables con él. No, debía sufrir; criminal, sinvergüenza, anti-evolución, vago.
   
     Ya al tercer día no tuvo más opción que comer. Esa mezcla uniforme contenida por un plato más sucio que la misma celda era repugnante, pero la comía con desesperación día tras día.
     Seis meses habían pasado desde que había sido encerrado, seis meses sin hablar, seis meses sin correr, seis meses sin ver el cielo, la luna y las estrellas. Medio año en soledad.
    Un día, o una noche, creyó escuchar el sonido de una guitarra, creyó escuchar un acorde vibrando en las cuerdas, rebotando en la madera y saliendo al mundo para ser disfrutado. Un día, o una noche, un año después de haber cometido el crimen, de haber creado, creyó volver a estar rompiendo las reglas, creyó escuchar su guitarra. Y perdido entre su imaginación, la música y su locura, un día o una noche, cerró suavemente sus ojos...

domingo, 22 de abril de 2012

Se marchitan las horas esperándote, igual que las flores de un árbol al que se le privó el agua. Parece eternizarse esta soledad, creo que me estoy acostumbrando. Quizás la disfrute, quizás disfruto sufriendo. Estúpido romántico. Qué lindo sería poder darle un respiro a mis sentimientos.

martes, 10 de abril de 2012

Llega la noche después de un largo día. Aparece esa necesidad de manchar una hoja, de armar algunas palabras. Pero también ataca el sueño, compañero de la rutina, fiel amigo. Me hace repensar; y ahora esas ganas que antes rebalsaban se ven encerradas en relojes, alarmas, apuntes y mecanismos tan aburridos como ese tiempo en la sala de espera del dentista.
Esas ganas de escribir no se rinde, sin embargo. Y vencido el sueño, sólo queda sentarse y ver nacer, ver crear. Para que al terminar todo vuelva a donde estaba, y renazcan los relojes, las alarmas, los apuntes, la rutina.

lunes, 9 de abril de 2012

Si hoy estoy acá.

Si hoy estoy acá
sentado y sonriendo,
fue por esa noche
cuando rompiste el hilo
que sostenía la razón
al mirar con tus ojos
fríos como el invierno
profundos e infinitos,
azules como el mar.
Con tu sonrisa brillante
iluminabas la noche
que bien oscura estaba.
Y el tacto de tu piel
fue la bomba que rompió
todas las paredes que encerraban
a mi vida, un corazón
mi sonrisa, alguna lágrima.
Si hoy estoy aca
sentado, no sé si sonriendo
fue por esa noche
cuando me diste vuelta la cabeza
y te metiste dentro de ella.

jueves, 5 de abril de 2012

Qué sé yo.

Me mirás y el azul eléctrico y glacial de tus ojos me quema, me congela, no lo sé, pero me ataca. Tu sonrisa tímida y simulada, mi pulso aumenta, y con el tacto de tu piel, tan fría que duele, tan tibia que da vida, ya ni siento tu fulminante mirada, ya el tiempo no pasa. Te alejás y mis manos sólo quieren volver a tocarte y mi cuerpo quiere volver a ser congelado con el brillo de tus ojos. Me mirás... Y qué sé yo.

domingo, 18 de marzo de 2012

Sonreír.

Ver una foto, una sonrisa; escuchar una voz; o simplemente recordarlas o imaginarlas son motivos suficientes para que surja esa necesidad de expresarse a través del papel, buen medio para hacer más llevaderas algunas noches solitarias.
Ver una sonrisa... ¿Qué puede ser más hermoso que ese instante, ese momento en el que se forma una en la cara de alguna mujer? ¿Qué podría embellecerla más que una sonrisa en la cara?

sábado, 17 de marzo de 2012

Y un tachón le sigue al otro, buscándole una forma. Un poco de tinta mezclada con un llanto, manchada con la sangre de una herida. Renglones que se escriben, escuchando gritos que manchan, delicados, mientras la noche ayuda a oír. Unas lágrimas caen, otro renglón se escribe y una hoja se rompe.
Con los miedos en palabras se siente el alivio de esas voces que sangraban y lloraban. Un tachón le sigue al otro y se acumulan los renglones.

miércoles, 14 de marzo de 2012

Vi perder la batalla siendo el más honorable de los guerreros. Vi cómo se escapaba su mano de las mías y vi cómo, seducidas, seguían otro camino.
Descubrí que el villano se sale con la suya, burlando al héroe, muchas más veces de las que creía.
Acepté las derrotas, pisé fuerte y seguí adelante. También descubrí qué tan idiota puedo ser y cómo el miedo puede paralizarme.
Aprendí a llorar, pero también a reír. Aprendí a mentir, pero también aprendí qué tan valiosa es la verdad.
Tanto aprendí, tanto vi, tanto crecí, y todo de lo debo a vos. Y ahora, cuando pasen los días y descubras que, teniendo el mapa, le erraste al camino espero también sepas aprender.

martes, 13 de marzo de 2012

Guerrera incansable, asesina y creadora de vida. Tantas lágrimas se derramaron por vos. Tantas sonrisas aparecieron por vos. Tierna y frágil. Fuerte, hermosa y resistente como nadie. Única. Capaz de cargarse el mundo sobre la espalda y calmar su llanto. Con unas manos que pueden sanar, que dan felicidad. Una mirada llena de comprensión y amor.
Si una lágrima cae por tu cara, millones caen sobre las nuestras. Tu risa hace sonrisas. Tu llanto hace llantos. Tu vida hace ser. Y en vos se puede ver la verdadera fortaleza, fuera de músculos trabajados y armaduras de acero: un espíritu incansable, una mente indestructible.
Quizás seas un tanto indecisa y cambiante. Pero eso es lo lindo. tu perfección imperfecta. Y, por más que todo esto parezca más que suficiente, tu hermosura no es solo interna. Tus curvas nos vuelven locos a nosotros, esclavos de tu presencia. Y pobres de aquellos hombres que no saben apreciarte, que te humillan y maltratan. Pobres tontos, se olvidaron que tu risa hace risas, que tu llanto hace llantos, que tu vida hace ser. Pobres, se olvidaron que sin vos no somos nada.

lunes, 6 de febrero de 2012

Silencio. Sólo se atreven el mar y los grillos a cortarlo. Soledad y silencio. Fatal combinación para una mente tan rebuscada como la mía. Miles de recuerdos atacan con sus finales tristes. La noche, asquerosamente perfecta. El teléfono suena. "¿Qué hacés, rubia?" Poesía rápida y barata para impresionar. Tonto mediocre, de vuelta a la cama. Solo. Aún sigo esperándote. Mi almohada te extraña... Qué mentira, yo te extraño. Pero sé que vas a venir, sé que no en vano tengo la luz encendida.

domingo, 29 de enero de 2012

Tres de la mañana y el sueño ni se asoma. Ya ni siquiera puedo echarle la culpa a alguna chica. Ahora nadie me quita el sueño. Tal vez sea un poco más feo, pero seguro más feliz, aunque sea pasajeramente.
Pero pensandolo bien, el insomnio sería bastante más lindo si alguien estuviera ahora a mi lado para abrazarme y besarme. Creo que estoy empezando a recordar por qué sufría tanto buscándola. La buscaba porque cada noche que encuentro mi cama vacía, cada tarde que no recibo una llamada y cada mañana que no escucho a una mujer despeinada y hermosa decirme "buenos días, corazón" siento que falta la mitad de mí.

viernes, 20 de enero de 2012

Dulce y Doloroso.

Una pasión oculta entre cuatro paredes. Su sonrisa... ¡Qué lindo recuerdo! Dulce y doloroso. Su mirada... Simplemente hermosa. Oculta pero igual de fuerte, quizás más. ¿Dónde estará? ¿Qué andará haciendo? Su mirada... Simplemente hermosa. ¿Eso es una lágrima? Dulce y dolorosa. Otro golpe más al amor propio, y van... Ya perdí la cuenta. Idiota. ¿Dónde estará? ¿Qué andará haciendo? Su sonrisa... ¡Tanto tiempo que no la veo! ¿Recuerdos? Dulce y doloroso.

miércoles, 18 de enero de 2012

Amanece, algunos maldicen, se quejan del despertador; otros más afortunados duermen sin preocupaciones. Algún viejo se despierta sin querer y prende la radio AM. Un joven vuelve a su casa borracho, quizás no tanto, sonriendo y aun disfrutando de la noche que acaba de irse. Los pájaros ya están cantando hace rato y Venus se despide del cielo. La ciudad despierta, vuelven los coches a las calles y se apagan las luces; igual que tu recuerdo, ese que me hizo pasar la noche entre vueltas y vueltas, ese que me quitó el sueño, ese que me hizo ver amanecer.

lunes, 16 de enero de 2012

La Espera

Micaela sacó de su bolso un pequeño tesoro: una botella de agua. El calor era insoportable. Las gotas de transpiración caían por su cara que miraba con una mezcla de ansiedad y tedio hacia el horizonte. Había unos árboles a unos metros que ofrecían una seductora sombra, pero no podía alejarse mucho de su posición, era peligroso.

Miró su reloj, ya habían pasado dos horas. Se sentó en el suelo y lo observó nuevamente. Un perro pasó a su lado caminando tranquilo, con la lengua afuera, también sufriendo el calor y el fuerte sol.

Micaela levantó la cabeza, vio al perro y lo saludó. El animal no respondió. Puso sus ojos en el horizonte otra vez y una sonrisa se dibujo en su cara. Pero no, así como se formó se fue, no era él.

Sacó de nuevo el agua y tomó otro trago, el último. Mientras ponía la botella en el bolso, sintió que alguien se acercaba. Giró pensando que era el perro, pero no lo era. Había llegado alguien más hasta ese punto estratégico.

- ¿Hace mucho estás esperando? – Pregunto el nuevo compañero, un hombre de unos sesenta años.

- Un poco más de dos horas, pero con este calor parecen seis.

- Sí, nena, este verano terrible. ¡Qué sed tengo!

- Uh, ¿sabe? Justo acabo de tomar el último trago de agua, si no le convidaba – dijo Micaela con amabilidad.

- No importa, nena. Estoy acostumbrado al calor. Yo era albañil y me ha tocado varias veces trabajar horas y horas al rayo de sol, claro que era más joven, viste.

-No llega más, no puede ser esto – protestó Micaela cambiando el tema y sin dejar de mirar hacia el horizonte- Si quiere puede irse debajo de aquellos árboles y yo le aviso cuando sea el momento.

- No, no pasa nada. Estoy viejo pero todavía sigo fuerte. No me trates como un bebé. A parte, mirá. Está viniendo.

- ¡Al fin! – Exclamó Micaela con felicidad- Pensé que iba a morir acá.

- No seas exagerada, nena. Dale, subí que en un rato vamos a estar en nuestras casas.

domingo, 15 de enero de 2012

Quizás me vuelva reiterativo, rozando lo insoportable, cayendo siempre en lo mismo: el dolor que puede causar una mujer. Pero necesito seguir expresándolo, buscando una forma -que parece poco eficaz- de calmar el dolor. Qué loco que es que una mísera frase pueda amargar todo un día entero. Qué feo es ser un calculador digno de Doyle que siempre sospecha lo peor y que rara vez le erra. Qué feo es que no estés a mi lado, sonriendo y riendo, pegando tu cuerpo contra el mío.

sábado, 14 de enero de 2012

Amores Cobardes

A la mañana se levantó temprano, como todos los días. Se preparó un café, lo tomó y salió a la calle, con la vana esperanza de verla como antes, tomándose el micro, el mismo micro que él se toma todos los días. Pero ya era tarde. Había desperdiciado todas las oportunidades de hablarle que cada mañana se le habían presentado. Nunca más la había visto.

Recordó aquella vez en que tuvo su breve y única conversación con ella.

- Se te cayó una moneda - le dijo él

- Uh, ¡gracias! Tenía justo para la vuelta, me salvaste.

- de nada - contestó vergonzoso.

Mientras pensaba en ese día, se arrepentía de no haber seguido la conversación. Qué idiota había sido.

Luego, volviendo a la realidad, llegó a la parada del micro y sintió la misma sensación de angustia que sentía todos los santos días. Ella no estaba.

Mientras tanto, una chica en la ciudad estaba pedaleando hacia su trabajo. Estaba enamorada, pero tenía esas malditas ganas de no existir más. Quizás debía ser porque él ni siquiera sabía que existía. Estaba aún peor que el muchacho del colectivo.

Una espina que se va clavando, lentamente, más y más. Que comienza a dejar de ser esa leve molestia que parecía ser y se transforma en un dolor casi constante que aumenta paulatinamente a medida que pasa el tiempo. Una espina que si fuera real, y no sólo una metáfora, atravesaría la mejor armadura y haría sangrar al mejor guerrero

¿Por qué?

Sé que sólo soy un poeta de juguete, una maqueta de escritor que busca emocionarte con canciones y poemas que jamás vas a leer. Sé que lo que escribo no agita tu respiración ni acelera tu corazón, simplemente no te importa. Y no es que seas un alma despiadada con la frialdad de un bloque de hielo, sólo que mis humildes composiciones tienen un filo que no penetra tu armadura.

Sé que idealizo y pienso demasiado. Que mi corazón está bajo el déspota dominio de mi cabeza, que se lleva la mejor parte y deja las espinas.

Sé que soy un iluso que pretende poder cambiar lo establecido y amoldado cuando bien sé que ni la ayuda del mismo Hércules serviría para poder destruir esa pared que, no sé quién, construyó a tu alrededor.

Sé que la tinta es mi escudo y mi forma de atacar. Sé que sólo me defiende del monstruo que aparece cuando la luz se apaga y que me deja desprotegido de tantos otros. Sé que mi arma no lastima a quien yo quisiera, sino que golpea a inocentes. Mas no sé por qué sigo intentando.