Llega la noche después de un largo día. Aparece esa necesidad de manchar una hoja, de armar algunas palabras. Pero también ataca el sueño, compañero de la rutina, fiel amigo. Me hace repensar; y ahora esas ganas que antes rebalsaban se ven encerradas en relojes, alarmas, apuntes y mecanismos tan aburridos como ese tiempo en la sala de espera del dentista.
Esas ganas de escribir no se rinde, sin embargo. Y vencido el sueño, sólo queda sentarse y ver nacer, ver crear. Para que al terminar todo vuelva a donde estaba, y renazcan los relojes, las alarmas, los apuntes, la rutina.
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