jueves, 10 de diciembre de 2015

Hoy no puedo

Los días como agua de clepsidra
caen y se amontonan
y hoy te extraño
porque hay muchos días en el balde
No tantos sin verte
pero hoy hace calor
y todo está un poco más derecho
más a la derecha
y sólo tu abrazo me hace sonreír.

Mi mochila cargada de hojas
que cayeron de los árboles
en plena primavera
o comenzando el verano
y pesan las hojas
porque no son hojas, son agujas
 y ya ni quiero caminar

Y tanta mentira en los diarios
tantas promesas de cartón
por favor, dame tu mano
el agua cae y todo está peor
y si miro lejos, más allá del horizonte
es mejor no haber mirado
porque acá nada es tan malo
y no hay mochila ni clepsidra
ni siquiera pesa el calor
pero disculpen mis trivialidades
hoy no puedo sonreír.


jueves, 3 de diciembre de 2015

Paso atrás

Un paso atrás
Caída libre
Libre el mercado
Libres los globos
Es lunes, y un paso atrás
Curva cerrada a la derecha
Control z, click derecho
Un guiño al pasado
Con sonrisas genocidas
Hoy en el cielo
Ya no son globos, son pájaros
Volando en círculos, mirando al suelo
Y se relamen, tanto para nada
Y el aire ahora es otro
Tus pies en la plaza
Porque dos es problema
No queremos esa piedra
Agarremos alfileres
Con recelo a los globos

jueves, 5 de noviembre de 2015

Ahora que falta tanto

Ahora que nos queda todo por escribir
y apenas somos unos brotes en el pasto
que todo son promesas y sonrisas
y tu risa se mezcla siempre con la mía

Ahora que ya no es raro
y no hay descanso en nuestros cuerpos
que hay más miedos que certezas
pero sobran las preguntas

No hay más ruidos en la noche
y aunque duerma solo
sé que la cama es para dos
y si se moja mi vereda
separo un par de medias seco
y no hago un té
porque el aire le hace mal
y los tragos amargos son alegres
porque ser viejo me da risa
y si el mate está lavado
siempre hay yerba nueva
y la pava está en el fuego

Ahora que escribo tu nombre con tiza
y se me llenan las manos de polvillo
Ahora que Penélope se olvidó como tejer
y es Ulises el que espera

Ahora que el frío ya no es frío
y la primavera se resiste en venir
Ahora que me lastiman los zapatos
 y el reloj perdió su filo

No hay más pecados sin pecar
y si me emborracho siempre hay fiesta
aunque sea solo en esta casa
 y si me despierto en medio de la noche
ya no hay por qué quejarse

y no tomo más café solo
aunque ni le ponga azúcar
y si sigue raro ya no importa
que la cerveza se haga cargo
y si nos aterra el futuro
siempre hay yerba nueva
y la pava está en el fuego.







lunes, 19 de octubre de 2015

Vaso lleno

Los vasos llenos en la mesa
más bien, uno solo
y el té helado que quema
me preguntó cómo estás
seguro que acostada
tal vez pensando en mí
y se vacía el vaso
más bien lo lleno de nuevo
ojalá hubiera dos
quizá lo llenes vos
y quién sabe el final
cómo saber si nunca hubo
pero hoy hace más calor
y al fin dejó de llover
ya tendremos un final
para empezar de nuevo
junto a vos y abrir los ojos
y hacer el café
y no hacer té
o uno y uno
Ya ni sé qué digo
mejor relleno el vaso

miércoles, 14 de octubre de 2015

Doble de a uno

Las botellas están vacías
Y se llena todo de mensajes
La cama a medias
Tengo los pies fríos

Me acostumbré al pijama
Pero por suerte yo no uso
Igual mejor si no hay ninguno
Hoy no tengo sueño

Estoy ansioso por llenarla
Y sé que tanto no falta
Además sólo va un rato
Otra vez insisto

Y molesto porque eso sale
Porque si no falta una parte
Pido perdón y no hace falta
Mejor hoy duermo solo

martes, 1 de septiembre de 2015

Se me fue la mano

La mesa mojada
y se me fue la mano
luna llena
el sábado solo
y te escribo
y saco el cuaderno
ese de siete pesos
me tomo un té
y quiero que estés acá
no quiero ser un viejo
se me fue la mano.

lunes, 31 de agosto de 2015

Si todo está bien

Es difícil escribir cuando todo está bien, sobre todo si el hábito empezó por no poder terminar ninguna sonrisa. Igual intento porque la situación lo merece, creo. Y digo "creo" para generar un poco de misterio, aunque estoy seguro. Pero admitirlo es aburrido, porque creo que la quiero. Creo que estoy seguro que creo que lo hago para no hablar de lo que creo que estoy seguro hace un buen rato.
Además las certezas no son divertidas en la literatura y estoy tratando que esto sí lo sea, si es que esto es literatura y no sólo una seguidilla de palabras con poco sentido que buscan afirmar lo que ya sé: que todo está bien. Pero no es aburrido y no cuesta tanto escribir, pero siempre es mejor quejarse, por las dudas. Sumemos también que hay un té helado de una isla larga sobre la mesa y lo miro y lo tomo y tampoco es aburrido y no está tan bien pero lo tomo porque es sábado y me aburro.
También escucho a Silvio y escribo de esas cartas modernas cortas e instantáneas porque todo está bien. Pero pienso que podría estar mejor y que lo único que falta es otra isla en la mesa o cualquier otra cosa, pero que no sea mía (y falta no irme a dormir solo). Falta tomar un café, falta agarrar tu mano sabiendo el final, falta volver a empezar porque te quiero, porque todo está bien aunque eso no sea posible, aunque creo que estoy seguro, aunque esta noche esté solo y aunque no pueda seguir un hilo, ni mantener la gramática y la semántica en un texto entero porque diga que no me gusta o que es aburridos o son aburrido. No sé, te quiero.

jueves, 20 de agosto de 2015

al-mijadda

Se preguntó cómo sería estar encerrada, envuelta en cadenas, con los ojos llenos de barrotes. Imaginó que sería similar a lo que estaba viviendo: querer salir y no poder. Sabía que estaba exagerando. Miró la ventana cerrada, algunos rayos de luz, sin embargo, lograban pasar. Dio media vuelta, 180°. Se acomodó e intentó salir de nuevo. No pudo.

Volvió a pensar en la cárcel o en algún calabozo y se convenció de que su situación no era para tanto aunque lo pareciera. Empezó a preguntarse por qué debía salir: ¿Había algo mejor afuera?  Por un instante sintió una especie de tranquilidad. La había sentido hacía un rato no muy largo. Sonrió.

Su sonrisa no duró mucho más que lo que tarda en caer una hoja del árbol de la vereda de su casa - vaya uno a saber qué tipo de árbol es, a mí mucho no me interesa y a ella tampoco- porque de repente apareció de nuevo ese sonido que como una aguja de la vacuna de los 6 se clavaba en sus oídos, casi haciéndola llorar, como a los 6 con la vacuna.

Y así como cayó la hoja del árbol, la sonrisa se borró. Miró el reloj, sacando afuera su brazo izquierdo, y volvió la misma idea de todos los días. Sabía que iba a arrepentirse más tarde, siempre lo hacía y maldecía y prometía no volver a hacerlo; pero con ese frío y el árbol y las hojas y esa aguja con sonidos que se clavan era muy difícil pensar algo diferente.

Entonces, con su índice derecho callando el ruido, desafilando la aguja y volviendo a sonreír, dio cuarto de vuelta y cerró los ojos.

martes, 18 de agosto de 2015

Una vuelta más

Hoy no llueve, es raro
tanto tiempo sin sol
y aunque es de noche
demos una vuelta más
que el frío no es tan frío
y si lo es, mejor
un poco más cerca
así doy vuelta la página
y me siento frente a vos
el vaso está caliente
y la cerveza da pena
pero dame la mano
hablame y no pares
para mí no es raro
y la cebada acompaña
no te alejes que hace frío
demos una vuelta más.

lunes, 27 de julio de 2015

Amo la pacífica paloma

Ya ni cetros imaginan y amo la pacífica paloma Porque los cetros tampoco y si sube el mar tiene tanto que limpiar Mejor que ni se vaya mirá si queda sucio no vaya'ser que falle el mar y acá nunca atardece pero siempre amanece y como duermo hasta tarde sólo sé porque lo cuentan y no sé qué hacer si el cetro no imagina y amo la pacífica paloma

domingo, 19 de julio de 2015

Es raro

Éramos dos
Pero éramos tantos
Te miraba y me mirabas
El ruido de los autos
Nada
Es raro
Éramos dos
Y parecía uno
Éramos dos
Y había tanto ruido
Es raro
Tus manos
Mis dedos fríos
Y el perro que dormía
Tu risa callaba la ciudad
Es raro

domingo, 12 de julio de 2015

Perdón, no me importa

Qué se yo, Perdón Ya no me importa y me sirvo otro vaso Porque estoy solo Porque hace frío y porque me gusta ¿El frío?¿O el ron con coca? Creo que los dos Perdón, no me importa Y esta vez va en serio Ni mu. Ni fu Ni fa qué se yo Alguito puede ser Pero de lejos A segundo, a tercer orden Perdón, no me importa

sábado, 11 de julio de 2015

Si te digo todo

Si te digo todo ahora
Si escribo todos mis versos
Nos quedamos sin café
Si no guardo algún secreto
No hay chocolate ni mentiras
Ni menta ni verdad
Si todo es seguro
Si no hay de qué dudar
Para qué está la poesía
Si te digo todo ahora
Y no guardo algún secreto
Si no dudo y no dudamos
Y el chocolate se derrite
y se aplasta en el bolsillo
Para qué sigo escribiendo
Para qué espero el café






domingo, 5 de julio de 2015

Pero es silencio

Es poco tiempo Pero es silencio Quizá sea sueño O sólo vacío Tal vez la suerte Pero es silencio Encima hace frío Y hay un solo guante Además la cama Y la escarcha del camino No sé Sigue siendo silencio

martes, 30 de junio de 2015

No me sale

Mientras te miraba
Vi que otra vez andaba mal
Elegir no me sale
Pero no sé por qué
Si lo supiera
No me sale
Y te miraba y andaba mal
Pero andaba tan bien
Porque te miraba
No me sale


martes, 23 de junio de 2015

,como siempre

La última vez hacía calor
Todavía el Sol estaba de este lado
Y caminé, como siempre
Me esperabas y yo temblaba
Nervioso como de estreno
Llegué tarde, como siempre
Y entre copas, la verdad
Entre besos más mentiras
Y te miraba, como siempre
Te regalé el último verso
Entendí que no había más
Y caminé, como siempre






domingo, 21 de junio de 2015

Do while

Con un poco de esfuerzo puso los dos pies descalzos en la alfombra del suelo o en el suelo de alfombra porque ocupaba todo el piso de la habitación. Tenía los dedos congelados y luchaba por mantener los ojos abiertos. Su primera acción estando despierto, si es que eso era estar despierto, fue quejarse del frío. Había empezado el invierno hacía unos pocos días y levantarse a la mañana era lo peor del día. No es que le gustara levantarse en otra estación del año porque incluso en verano se quejaba todas las mañanas pero con frío era todavía peor. Terminada la queja, agarró el jean azul oscuro que había usado el día anterior y se lo puso.

Arrastrando los pies fue hacia el baño para cepillarse los dientes con el cepillo verde nuevo. Todas las mañanas se preguntaba por qué tenía que cepillarse los dientes a la mañana si se los había cepillado a la noche. “Yo ya me los limpié y no comí nada”, pensaba todos los días pero lo hacía igual, por costumbre o por miedo. Con la boca refrescada por la pasta dental y la vejiga vacía caminó hacía la cocina y sacó unas tostadas de esas de paquete y la manteca de la heladera. Con un encendedor gastado encendió la hornalla más grande de la cocina y puso la pava con agua a calentar. Mientras esperaba sacó la yerba y la puso en la mate, que revolvió para quitarle el polvo. Llevó las tostadas, el mate sin agua y la manteca a la mesa y se sentó. Sin levantarse, levantó la persiana y fue entrecerrando los ojos a medida que la luz entraba a la casa.

Afuera la gente pasaba con sus bufandas y gorros. Rolo -el padre de Nico, que la semana anterior se había recibido de abogado- estaba sentado en la puerta de la casa como todas las mañanas en un banquito de madera que sacaba de la casa. Solía estar ahí sentado fumando, viendo a la gente pasar y cada tanto charlando con alguno hasta las 11:30, más o menos, que volvía a entrar a la casa. Viendo a Rolo se pasó el tiempo y casi se le hierve el agua. Por suerte sacó la pava antes de los cien grados y cebó el primer mate, a un costado y sin poner la bombilla, como le había enseñado don Tito, vecino de la casa de su infancia.

Tomando el mate y pensando en don Tito, fue untando las tostadas con manteca. Tres tostadas y seis mates después se levantó y de la silla y emprendió la odisea de la búsqueda de medias. Casi ahogado en un mar de cajones y pilas de ropa en un tiempo récord de quince minutos, pudo encontrar un par completo de medias. Se calzó, agarró la campera negra, la bufanda celeste y el gorro negro de lana y salió a la calle con la bicicleta que estaba atada en el pasillo que llevaba a su casa.

Pedaleando, todavía con veinte minutos a favor, se fue acercando al edificio aburrido donde trabajaba. Un edificio completamente compuesto por oficinas y ninguna divertida. No había oficinas de escritores ni de diseñadores, sólo de contadores, abogados y administrativos. A veces se lamentaba no haberle dado una oportunidad a la poesía, mucha gente le había dicho que lo hacía bien pero la costumbre -o el miedo- hizo que terminara trabajando frente a una computadora llenando planillas de Excel y ninguna divertida.

Creo que por única vez llegó a la oficina con cinco minutos de anticipación, asumo que por su tiempo récord en la búsqueda de medias. Entro al edificio -que aunque aburrido era muy lindo- y subió por las escaleras hasta el piso cinco. Prefería subir unos pisos por escalera que entrar a un ascensor, la pasaba bastante mal adentro de esos bichos.

En la oficina estaba Mariana, una chica que cantaba en una banda de jazz todos los jueves en un bar por el centro de la ciudad y laburaba en esa oficina porque lo del jazz no le dejaba demasiada guita. Más de una vez habían ido a verla cantar él y todos sus compañeros. Su voz era preciosa, de esas voces graves del propias del género cargadas de sensualidad. No sé si en la tercera o en la primera vez que habían ido a verla -pero definitivamente no en la segunda- se había dado cuenta que podía estar horas mirándola y escuchándola cantar sin siquiera comenzar a aburrirse o a cansarse. Y unos días después de ese jueves, se dio cuenta que no hacía falta ni que cantara para que se quedase como un boludo mirándole esos ojos marrones que al principio parecían decir nada y ahora decían mucho más que los 32 volúmenes de la enciclopedia británica, con tapa dura y encuadernación de lujo.

Dos horas antes de irse, luego de completar varias planillas de Excel sin saber muy bien qué significaban, sintió que necesitaba un café. Fue a la cocina de la oficina y se preparó uno, no muy fuerte, sin leche y con una cucharada de azúcar, en taza de té pero llena hasta la mitad (o vacía hasta la mitad).

En el pequeño camino de vuelta a su computadora, pasó por el lugar donde Mariana llenaba sus planillas y se frenó. Pensó si sería buena idea invitarla a tomar algo cuando salían de trabajar. Y comenzó a especular: "quizá tiene novio", "¿Novio? Ni siquiera sé si le gustan los hombres", "A veces hablamos... ¿Pero da para que la invite?". Entre tanto, habían pasado como diez segundos y Mariana lo miraba esperando que dijera algo. Y así fue, no se iba a quedar callado como un nabo adelante de la chica a la que estaba por invitar a salir. "Se te cayó la lapicera".

Gracias, un sorbo de café y siguió caminando. "Mañana le digo", pensó y con un poco de esfuerzo puso los dos pies descalzos en la alfombra del suelo o en el suelo de alfombra porque ocupaba todo el piso de la habitación. Tenía los pies congelados y luchaba por mantener los ojos abiertos. Se quejó del frío y agarró el jean azul oscuro que había usado el día anterior y se lo puso.

lunes, 8 de junio de 2015

100% arábica

Hace rato que no tomo café porque me hace mal y un tiempo estuve sin tomar mate por lo mismo. Igual, ahora volví a tomar mate y es cuestión de tiempo para que vuelva a tomar café, aunque me haga mal. Así como estuve un tiempo sin jugar al fútbol porque me dolía el pie y volví sin que se me pasara porque quería jugar, voy a volver a tomar café. También una vez dejé de hablarte porque me hacía como el café y volví a hacerlo porque me gusta.

Recuerdo que algunos días me quedé esperando tus respuestas a mis pobres preguntas en silencio y pocas veces eran de té con limón y miel, casi siempre eran de mate hirviendo y con la yerba recién puesta, de esas fuertes llenas de polvo. Y de azúcar ni hablemos, porque aunque nunca le pongo azúcar al mate a veces sí le pongo al café; a tus mates no le hubieran venido mal una cucharadita de azúcar.

También hace mucho que no me compro una planta. Decidí no comprar más desde que un cactus se me secó. Sí, la planta mejor preparada para vivir sin agua se secó. Pero me gustan las plantas y eso fue hace mucho, quizá sea un buen momento para retomar la jardinería, sin jardín porque vivo en un departamento. Creo que no te gustan las plantas, o al menos que no te interesan, pero tal vez te compre una; así cada tanto puedo preguntarte si creció y vuelvo a tomar café y parece que sin azúcar. Y si un día se te seca, quizá te regale un cactus o unos nuevos versos o las dos cosas.


Hoy me voy a hacer un té, no sé si con miel y limón, creo que hoy sólo será un earl grey sin azúcar antes de irme a acostar. Y cuando me acueste, podría apostar a que me voy a acordar del café y puede que mañana a la mañana me prepare uno y después me compre una planta. Pero puede también que mañana tampoco te llame.

sábado, 23 de mayo de 2015

Romper el silencio

Como si el silencio molestara
Lo rompo, lo aparto
Pido disculpas, amigos
Si es que mi silencio agradaba
Seguro me den la derecha
Aunque prefiero la izquierda
No me gusta tanto la otra mano
Disculpen que divague
Y perdonen que me disculpe tanto
Hace mucho que no hablo
Y cuesta un poco concentrarse
Quizá es que está nublado
Hoy no hay historia ni deseo
No hay amor ni desengaño
No hay mentiras bien logradas
Esta noche es sin noche
Y no hay figuras en los nudos del parqué
Tomar café hoy solo es rutina
Y el te me da calor
Tal vezsilencio era mejor
No hay que hablar si no hay nada
Y si me boca estaba seca
Era mejor un vaso de agua

viernes, 17 de abril de 2015

Coso 5

¿Cómo puede un alma pasar tanto tiempo en silencio? Sufriendo, sin decir una palabra. Aplacando la voz que quiere llenar las calles y silenciar todos los ruidos. Pinchando el pecho que quiere inflarse como un globo de cumpleaños, como un pez asustado. Siempre silencio.

Días llenos de ruido a estática y de televisión sin señal y de cartas nuevas. Porque si hay silencio, se llenan las hojas y los pájaros se acercan y sólo lo rompen para golpear el cristal, ese que separa del afuera, el que cuidadosamente y de manera implacable lo mantiene vivo. Malditos pájaros que juegan con esas almas apagadas, presumiendo de sus alas y de la libertad que al que calla le falta. Almas que necesitan el martillo de esas manos para romper el cristal y quebrar el silencio.

Siento como propia la tortura del alma muda, donde cada segundo es una aguja que se clava y un nuevo plan de frasquitos de veneno y calaveras. Tantos cuadernos de estudiantes y tantos libros saturados de planes asesinos, cargados de silencio.

¿Cuánto tiempo puede un alma planificar en silencio? Sufriendo, sin decir una palabra, deseando que todo se lo lleve el viento, buscando el martillo de la voz que rompe el vidrio y espanta los pájaros y empapa de ruidos y sonidos.

 ¿Cuánto tiempo tiene que durar el silencio?

sábado, 28 de febrero de 2015

A pesar de todo



Aunque la suerte
nunca estuvo de mi lado
y todos esos inicios
tuvieron pésimos finales

Aunque la balanza
nunca estuvo equilibrada
mucho peso contra nada
y las plomadas a un costado

Aunque el sol
nunca me marcó el este
ni el norte ni el sur
ni la brújula se decidía

Aunque la lluvia
borró todos los senderos
ahogó las plantas
y mojó mis medias

Aunque la noche
me calló con su silencio
y me golpeó en las heridas
y escribió algunos papeles.

Siempre estuve sonriendo
Firme a tu lado o a tu espalda
Siguiendo el camino de tus huellas
Y aunque a veces me arrepiento
Si te veo sonreír se pasa
Y no me importa si no hay Sol
O si tengo los pies fríos
Me dan ganas de empezar de nuevo

lunes, 23 de febrero de 2015

A veces

A veces me gusta callarme
Y solo oir tu voz 
Que retumba en los rincones 
De este erial que es mi casa 
Sin cortinas ni muebles 
Solo polvo de cenizas 

Otras veces 
Tu voz es el infierno 
Y no soporto su timbre 
Esas veces no quiero ni verte 
Y es porque no te veo 
Porque no recuerdo tu piel 
Y me gusta cuando pasa 
Porque me siento libre 
Suelto estas cadenas 
Que me abrazan hace tanto 
Y puedo ver el Sol 
Y cantar con los pájaros 

A veces me gusta hablarte 
Porque parece que hablo solo 
Y ni mis oidos me oyen 
Sólo el zumbido del silencio 

Otras veces 
No se ni lo que quiero 
Por eso me callo 
Y te escucho 
O después te hablo 
Y empiezan los zumbidos 
Por eso sirvo otro vaso 
Y elijo mirar al cielo.

domingo, 15 de febrero de 2015

Por un lado, por mi lado.



Por un lado, quizás los días pasen desapercibidos. Simplemente caen como las hojas de un árbol en otoño y nadie repara en eso, porque es normal. En otoño las hojas caen, en la vida los días pasan. Pero por mi lado, cada día es una marca más en la pared. Y los cuento, no sé por qué los cuento. Tal vez siento que recibiré algún premio como si fuera un Record Guinness; o una medalla del mes sobrio, como los adictos en recuperación. No sé, quizás la consiga. Mientras tanto sigo marcando la pared y muero de ganas de dejar de marcar, de volver a cero. No me importa haber llegado tan lejos, quiero verte de nuevo, quiero escucharte y sentirte otra vez. Quiero juntar las hojas y pegarlas una por una de nuevo en el árbol, hasta que sienta, como ya es costumbre, que estaban mejor en el suelo y las deje caer y empiece a contar y espere la medalla. Por un lado, quizás está bueno porque pegar las hojas es divertido. Pero por mi lado, cada hoja que pego es un volver a empezar, es otro poema lúgubre, es otro mensaje en tu teléfono.