Por un lado,
quizás los días pasen desapercibidos. Simplemente caen como las hojas de un
árbol en otoño y nadie repara en eso, porque es normal. En otoño las hojas
caen, en la vida los días pasan. Pero por mi lado, cada día es una marca más en
la pared. Y los cuento, no sé por qué los cuento. Tal vez siento que recibiré
algún premio como si fuera un Record Guinness; o una medalla del mes sobrio,
como los adictos en recuperación. No sé, quizás la consiga. Mientras tanto sigo
marcando la pared y muero de ganas de dejar de marcar, de volver a cero. No me
importa haber llegado tan lejos, quiero verte de nuevo, quiero escucharte y
sentirte otra vez. Quiero juntar las hojas y pegarlas una por una de nuevo en
el árbol, hasta que sienta, como ya es costumbre, que estaban mejor en el suelo
y las deje caer y empiece a contar y espere la medalla. Por un lado, quizás
está bueno porque pegar las hojas es divertido. Pero por mi lado, cada hoja que
pego es un volver a empezar, es otro poema lúgubre, es otro mensaje en tu
teléfono.
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