lunes, 31 de agosto de 2015

Si todo está bien

Es difícil escribir cuando todo está bien, sobre todo si el hábito empezó por no poder terminar ninguna sonrisa. Igual intento porque la situación lo merece, creo. Y digo "creo" para generar un poco de misterio, aunque estoy seguro. Pero admitirlo es aburrido, porque creo que la quiero. Creo que estoy seguro que creo que lo hago para no hablar de lo que creo que estoy seguro hace un buen rato.
Además las certezas no son divertidas en la literatura y estoy tratando que esto sí lo sea, si es que esto es literatura y no sólo una seguidilla de palabras con poco sentido que buscan afirmar lo que ya sé: que todo está bien. Pero no es aburrido y no cuesta tanto escribir, pero siempre es mejor quejarse, por las dudas. Sumemos también que hay un té helado de una isla larga sobre la mesa y lo miro y lo tomo y tampoco es aburrido y no está tan bien pero lo tomo porque es sábado y me aburro.
También escucho a Silvio y escribo de esas cartas modernas cortas e instantáneas porque todo está bien. Pero pienso que podría estar mejor y que lo único que falta es otra isla en la mesa o cualquier otra cosa, pero que no sea mía (y falta no irme a dormir solo). Falta tomar un café, falta agarrar tu mano sabiendo el final, falta volver a empezar porque te quiero, porque todo está bien aunque eso no sea posible, aunque creo que estoy seguro, aunque esta noche esté solo y aunque no pueda seguir un hilo, ni mantener la gramática y la semántica en un texto entero porque diga que no me gusta o que es aburridos o son aburrido. No sé, te quiero.

jueves, 20 de agosto de 2015

al-mijadda

Se preguntó cómo sería estar encerrada, envuelta en cadenas, con los ojos llenos de barrotes. Imaginó que sería similar a lo que estaba viviendo: querer salir y no poder. Sabía que estaba exagerando. Miró la ventana cerrada, algunos rayos de luz, sin embargo, lograban pasar. Dio media vuelta, 180°. Se acomodó e intentó salir de nuevo. No pudo.

Volvió a pensar en la cárcel o en algún calabozo y se convenció de que su situación no era para tanto aunque lo pareciera. Empezó a preguntarse por qué debía salir: ¿Había algo mejor afuera?  Por un instante sintió una especie de tranquilidad. La había sentido hacía un rato no muy largo. Sonrió.

Su sonrisa no duró mucho más que lo que tarda en caer una hoja del árbol de la vereda de su casa - vaya uno a saber qué tipo de árbol es, a mí mucho no me interesa y a ella tampoco- porque de repente apareció de nuevo ese sonido que como una aguja de la vacuna de los 6 se clavaba en sus oídos, casi haciéndola llorar, como a los 6 con la vacuna.

Y así como cayó la hoja del árbol, la sonrisa se borró. Miró el reloj, sacando afuera su brazo izquierdo, y volvió la misma idea de todos los días. Sabía que iba a arrepentirse más tarde, siempre lo hacía y maldecía y prometía no volver a hacerlo; pero con ese frío y el árbol y las hojas y esa aguja con sonidos que se clavan era muy difícil pensar algo diferente.

Entonces, con su índice derecho callando el ruido, desafilando la aguja y volviendo a sonreír, dio cuarto de vuelta y cerró los ojos.

martes, 18 de agosto de 2015

Una vuelta más

Hoy no llueve, es raro
tanto tiempo sin sol
y aunque es de noche
demos una vuelta más
que el frío no es tan frío
y si lo es, mejor
un poco más cerca
así doy vuelta la página
y me siento frente a vos
el vaso está caliente
y la cerveza da pena
pero dame la mano
hablame y no pares
para mí no es raro
y la cebada acompaña
no te alejes que hace frío
demos una vuelta más.