¿Cómo puede un alma pasar tanto tiempo en silencio? Sufriendo, sin decir una palabra. Aplacando la voz que quiere llenar las calles y silenciar todos los ruidos. Pinchando el pecho que quiere inflarse como un globo de cumpleaños, como un pez asustado. Siempre silencio.
Días llenos de ruido a estática y de televisión sin señal y de cartas nuevas. Porque si hay silencio, se llenan las hojas y los pájaros se acercan y sólo lo rompen para golpear el cristal, ese que separa del afuera, el que cuidadosamente y de manera implacable lo mantiene vivo. Malditos pájaros que juegan con esas almas apagadas, presumiendo de sus alas y de la libertad que al que calla le falta. Almas que necesitan el martillo de esas manos para romper el cristal y quebrar el silencio.
Siento como propia la tortura del alma muda, donde cada segundo es una aguja que se clava y un nuevo plan de frasquitos de veneno y calaveras. Tantos cuadernos de estudiantes y tantos libros saturados de planes asesinos, cargados de silencio.
¿Cuánto tiempo puede un alma planificar en silencio? Sufriendo, sin decir una palabra, deseando que todo se lo lleve el viento, buscando el martillo de la voz que rompe el vidrio y espanta los pájaros y empapa de ruidos y sonidos.
¿Cuánto tiempo tiene que durar el silencio?
No hay comentarios:
Publicar un comentario