Y un tachón le sigue al otro, buscándole una forma. Un poco de tinta mezclada con un llanto, manchada con la sangre de una herida. Renglones que se escriben, escuchando gritos que manchan, delicados, mientras la noche ayuda a oír. Unas lágrimas caen, otro renglón se escribe y una hoja se rompe.
Con los miedos en palabras se siente el alivio de esas voces que sangraban y lloraban. Un tachón le sigue al otro y se acumulan los renglones.
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