Sé que sólo soy un poeta de juguete, una maqueta de escritor que busca emocionarte con canciones y poemas que jamás vas a leer. Sé que lo que escribo no agita tu respiración ni acelera tu corazón, simplemente no te importa. Y no es que seas un alma despiadada con la frialdad de un bloque de hielo, sólo que mis humildes composiciones tienen un filo que no penetra tu armadura.
Sé que idealizo y pienso demasiado. Que mi corazón está bajo el déspota dominio de mi cabeza, que se lleva la mejor parte y deja las espinas.
Sé que soy un iluso que pretende poder cambiar lo establecido y amoldado cuando bien sé que ni la ayuda del mismo Hércules serviría para poder destruir esa pared que, no sé quién, construyó a tu alrededor.
Sé que la tinta es mi escudo y mi forma de atacar. Sé que sólo me defiende del monstruo que aparece cuando la luz se apaga y que me deja desprotegido de tantos otros. Sé que mi arma no lastima a quien yo quisiera, sino que golpea a inocentes. Mas no sé por qué sigo intentando.
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