Una espina que se va clavando, lentamente, más y más. Que comienza a dejar de ser esa leve molestia que parecía ser y se transforma en un dolor casi constante que aumenta paulatinamente a medida que pasa el tiempo. Una espina que si fuera real, y no sólo una metáfora, atravesaría la mejor armadura y haría sangrar al mejor guerrero
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