lunes, 14 de enero de 2013

Una pequeña muestra de algo que vengo escribiendo hace rato...


David había podido sacarla de su cabeza, pero no. Su mirada había perdido el filo que antes tenía. No, no lo había perdido. Se había escondido (¿o él no lo quería ver?). Lo que había sentido, pensado, reído y llorado estaba ahora en papeles, en nuevas canciones, en algún acorde o un arpegio, una melodía. Pero bien sabía que ese filo ahora perdido estaba en algún cajón de su memoria, listo para salir al ver la primera señal. Listo para salir y cortar de nuevo, lastimar. Listo para abrir los ojos durante la noche, para no parar de dar vueltas en la cama. Listo para odiar y amar.
Tantos recovecos tiene la cabeza, tan complicada. De la mano el amor y el dolor. De la mano el amor y la distancia. Alcohol para el dolor, dolor para el amor y amor al dolor. Alcohol para el raspón en la rodilla y alcohol para el amor, para el dolor. Amor, dolor, alcohol. Llanto, risa, dolor, alcohol, amor. Un amigo, un consejo, una sonrisa y un abrazo. Y la noche… La noche y los corazones. La debilidad y ellos. Ella y él. Él y ella. Ella y el otro. El otro. Otro lado. Un lado ella, otro lado él. La noche y llantos otra vez, alcohol y dolor. Otra noche sin dormir, y van…

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