Juro que intento evitar palabras que den pena, que sólo escondan tristeza. Pero me es imposible. No puedo dejar de escribir párrafos que rueguen por un poco de tu atención, que frenen el llanto cambiándolo por garabatos en un papel.
Mientras tanto, miro el reloj y bien sé que estás despierta, igual que yo. Pero podría apostar a que en nuestras cabezas no están las mismas ideas: en la tuya, él; en la mía, vos. Saber que estás despierta lo hace todo más difícil, hace volar mi imaginación. Y vuela tan alto que me asusta.
Tu indiferencia solo alimenta mi odio y me rencor hacia todas las demás mujeres que alguna vez me dieron la espalda. Pero, al mismo tiempo, me hace desearte aún más y más. Me maldigo y maldigo al amor.
Una vez más, termino maldiciendo y quejándome. Culpándome, culpando a otros, inventando excusas, buscando explicaciones. Y quizás no haya culpables ni haya explicaciones. Simplemente este invierno es más largo que otros y sólo tengo que esperar a que cambie mi suerte.
lunes, 16 de septiembre de 2013
miércoles, 24 de julio de 2013
Uno, cuatro o cinco.
Siempre es bueno
un café, incluso éste, que es el cuarto que tomo. ¿O es el quinto? No,
definitivamente es el primero. La pava estaba caliente, pero no recuerdo haber
tomado otro café hoy. Quizás estaba caliente por estar cerca de la hornalla donde
cociné. No sé, no es importante. Tampoco es trascendental contar que afuera
llueve y hace mucho frío, pero algunos detalles pueden servir para que me
sigan. Por ejemplo, ayer manché el mantel con aceite y rompí un vaso. Y hoy no
hice nada más que tomar café –pero si tomé uno solo...- y mirar por la ventana.
Ver como llueve y agarrar el maldito teléfono que me invita a llamarte. Pero sé
que es inútil y que no vas a atender. Ya intenté, por eso lo sé. Más temprano
probé en llamarte –miento, sólo tomé un café y miré por la ventana- y no
contestaste. Si sólo supieras lo que sufro cada vez que me ignorás, cada vez
que caés en otros brazos, cada sonrisa que no es para mí, cada noche que no
estás conmigo.
Si sólo lo supieras… Pero no me dejás
contártelo, no contestás el puto teléfono. ¿Por qué? ¿Acaso tenés miedo de
escuchar la verdad? Puras tonterías mías, cómo si yo te importara. Sé que
alguna vez te importé, por eso me pediste que comprara esas tazas tan horribles
que a vos te gustaban; en un momento llegué a pensar que vendrías seguido a
casa, y tendría que llenar más la pava, usar más café, que no iba a mirar solo la ventana y que, quizás, nunca más volvería llover.
Pero no, sólo fue
puro capricho de querer que comprara unas tazas que sólo a vos te pueden llegar
a gustar. Aunque ahora que las tengo, me encantan. Creo que porque en el
reflejo de la luz a veces veo tus manos, o en el café suelo sentir el olor del
perfume de tu piel. Y me encanta.
Uh, el agua.
Siempre me olvido el agua. En realidad, siempre me olvido de todo. Me olvido de
sacar la basura y me olvido de ver el mismo programa en la tele una y otra vez.
Creo que varios dentistas me han insultado por no ir a mis turnos, y dejé de ir
al psicólogo porque creo que el tipo había empezado a odiarme por faltar
siempre. Aunque tenía que pagarle igual, no sé por qué podría enojarse. Cobraba
sin trabajar… Qué se yo.
Qué asco este
café. La pava todavía está caliente, seguro que es por todos los cafés que
tomé. Este debe ser el cuarto. O el quinto.
sábado, 13 de julio de 2013
Todo calla
Siento que al mirar tus ojos
Marrones, oscuros y profundos
Tu piel suave e impecable,
Todas las aves del mundo
Emprenden el camino de vuelta
Y llegan a casa,
Marrones, oscuros y profundos
Tu piel suave e impecable,
Todas las aves del mundo
Emprenden el camino de vuelta
Y llegan a casa,
con la nostalgia del que vuelve.
Siento que todas las flores del mundo
Deciden morir
Y volver a nacer en tu pelo
Que se apaga el rumor del mar
Y la sal se pega en nuestra piel
Cuando miro atento tus ojos
Se me olvida para qué estoy
O por qué me fui
Cuando escucho tu dulce voz
Suenan las más hermosas melodías
Cantan los mejores pájaros
-Los más fuertes y coloridos-,
Siento que todas las flores del mundo
Deciden morir
Y volver a nacer en tu pelo
Que se apaga el rumor del mar
Y la sal se pega en nuestra piel
Cuando miro atento tus ojos
Se me olvida para qué estoy
O por qué me fui
Cuando escucho tu dulce voz
Suenan las más hermosas melodías
Cantan los mejores pájaros
-Los más fuertes y coloridos-,
Suenan afinados instrumentos
Y todo el resto calla.
Cada vez que vuelvo a vos
-Aunque nunca me vaya-
Pierdo todo lo que tengo
Y lo cambio por locura
-Aunque nunca me vaya-
Pierdo todo lo que tengo
Y lo cambio por locura
lunes, 29 de abril de 2013
Empezar
No me gusta admitir
que mi problema es empezar
a escribir una historia
o a vivir una con vos
No sé si es mi culpa
o de estas cadenas
que me atan a mi silla
y no me dejan avanzar
Te conocí en la oscuridad
huyendo del pasado
encarando un nuevo presente,
mi nueva forma de vivir
Y vos estabas casi como yo
perdida buscando una luz
la diferencia entre nosotros
es que yo la vi en vos.
Y ahora te tengo
solo como una estrella
que ilumina mi noche
pero no me da calor
Quizás te busque demasiado
y por eso no te encuentre
quizás ni siquiera te busco
y ni siquiera te encuentre
que mi problema es empezar
a escribir una historia
o a vivir una con vos
No sé si es mi culpa
o de estas cadenas
que me atan a mi silla
y no me dejan avanzar
Te conocí en la oscuridad
huyendo del pasado
encarando un nuevo presente,
mi nueva forma de vivir
Y vos estabas casi como yo
perdida buscando una luz
la diferencia entre nosotros
es que yo la vi en vos.
Y ahora te tengo
solo como una estrella
que ilumina mi noche
pero no me da calor
Quizás te busque demasiado
y por eso no te encuentre
quizás ni siquiera te busco
y ni siquiera te encuentre
domingo, 14 de abril de 2013
Imágenes en frío
Quiero hablar del
frío. El frío es bueno para tomar café. Es divertido ver como la ciudad se
viste de colores más oscuros, con atuendos más pesados, gorros y bufandas. Me
gusta. Incluso es bueno para pensar. Con
calor se torna complicado hacer trabajar a nuestros engranajes sin sentirnos
agobiados pasado un breve tiempo. Además, con el frío, casi siempre viene la
lluvia. Y sí que es lindo ver a la ciudad entre paraguas, entre gotas,
esquivando charcos. Un café mientras uno ve caer la lluvia, leyendo algún
cuento de Cortázar, o quizás no. Quizás mientras se escucha a Vivaldi, o un
poco de jazz. ¿Por qué no Pink Floyd?
Pero también
puede ser malo, demasiado frío impide incluso tomar café, y ni todas las
bufandas del mundo lo frenarían. Demasiada lluvia genera catástrofes. Ni siquiera con el clima se puede exagerar. Bueno, creo que es lo que menos tendría
que exagerarse…
Y hablando de
exagerar… Sí que soy bueno para eso. Es más, podría decir que es lo que mejor
hago. Y me gusta, incluso más que el frío. No hay nada que me guste más en el
mundo que exagerar (mentira). Y de ahí vienen todos mis problemas (otra mentira).
Recuerdo cuando por exagerar mis sentimientos, dejé de sonreír por mucho
tiempo.
Pero no es
momento para ponerse triste. Hace frío y estoy tomando café. Y miro por la
ventana. Y te veo. Y. Qué se yo, ojalá
pudiera bajar y abrazarte. Pero en realidad no te veo, ni estás allá abajo. Ni
estoy tomando café. Aunque es cierto que hace frío. Lo único verdadero es que
hace frío. De lo único que puedo estar seguro es de que hace frío. Y no puedo
estar seguro de que te estoy viendo, porque ya hace tanto que te fuiste que si
se lo cuento a alguien, incluso a Daniel, que siempre me entiende… Si se lo
cuento a alguien me tomarían por loco, porque todos fuimos al velorio, y todos
te vimos. ¿Está bien decir que eso eras vos? No, vos no estabas ahí. Vos eras
mucho más que un envase, y por eso quizás sea cierto que te estoy viendo por la
ventana, mientras tomo café y hace frío. Ven, ahora ni siquiera sé realmente si hace frío. Pero podría jurar que sí, que estás ahí y que todo lo que dije es
cierto. Aunque, eso sí, nadie me creería, ni siquiera Daniel.
Pero yo no quería
hablar de esto, yo quería hablar del frío, nada más. O quizás de que este mes
me aumentaron el sueldo. O de que por fin pude comprar el sillón que tanto te gustaba
¿Te acordás? Aunque no lo puse donde querías. Ahora uso el sillón para mirar
por la ventana, cuando hace frío y tomo café, y para verte pasar con tu bufanda
tejida a mano roja y verde y tu gorro
tan simpático e infantil que me da ganas de bajar las escaleras como un
velocista y abrazarte. Por eso me gusta el frío, porque es bueno para tomar
café.
martes, 9 de abril de 2013
¿Te dije alguna vez...?
¿Te dije alguna
vez que escondo todo lo que puedo? ¿Te dije alguna vez que te escondo y te
encierro en cajas de acero? No, claro que no. Si el que se encierra soy yo.
Además, ¿Quién lo haría? Si puedo verte entre los barrotes de esta mi cárcel.
¿Te dije alguna vez que no hago otra cosa que mentir? Me miento a mí, miento
siempre que puedo. Y lo peor de todo, te miento a vos. Te miento porque temo
perderte, temo no ser digno siquiera de verte entre la sombra de mi enrejado. ¿Alguna vez te mencioné que sos para mí como
la espada de un caballero? Y no sólo por la que es temido, sino también la que
puede matarlo. ¿Te dije alguna vez que sólo pienso en tu sonrisa, en tu voz, en
tu mirada? ¿Te lo dije alguna vez?
domingo, 17 de marzo de 2013
Pocos entienden el valor
de tus promesas rotas, de tus mentiras. Sólo lo entienden quienes te conocieron
y te sufrieron. Pocos entienden el dolor de ver romperse el futuro que tanto
asegurabas en cuestión de segundos, pocos conocen el ardor que producen tus
promesas al quemarse. Y los que sí, saben por qué seguimos esperando, por qué
creemos que ya pasará. Saben que nos convencemos para creer, sólo porque en
nosotros sí puede creer. Pero no es una cuestión de costumbre, cada promesa
rota duele igual que la anterior, o incluso más. Cada futuro que rompés, cada
confianza que traicionás es una daga clavada en el pecho.
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