miércoles, 24 de julio de 2013

Uno, cuatro o cinco.

Siempre es bueno un café, incluso éste, que es el cuarto que tomo. ¿O es el quinto? No, definitivamente es el primero. La pava estaba caliente, pero no recuerdo haber tomado otro café hoy. Quizás estaba caliente por estar cerca de la hornalla donde cociné. No sé, no es importante. Tampoco es trascendental contar que afuera llueve y hace mucho frío, pero algunos detalles pueden servir para que me sigan. Por ejemplo, ayer manché el mantel con aceite y rompí un vaso. Y hoy no hice nada más que tomar café –pero si tomé uno solo...- y mirar por la ventana. Ver como llueve y agarrar el maldito teléfono que me invita a llamarte. Pero sé que es inútil y que no vas a atender. Ya intenté, por eso lo sé. Más temprano probé en llamarte –miento, sólo tomé un café y miré por la ventana- y no contestaste. Si sólo supieras lo que sufro cada vez que me ignorás, cada vez que caés en otros brazos, cada sonrisa que no es para mí, cada noche que no estás conmigo.
 Si sólo lo supieras… Pero no me dejás contártelo, no contestás el puto teléfono. ¿Por qué? ¿Acaso tenés miedo de escuchar la verdad? Puras tonterías mías, cómo si yo te importara. Sé que alguna vez te importé, por eso me pediste que comprara esas tazas tan horribles que a vos te gustaban; en un momento llegué a pensar que vendrías seguido a casa, y tendría que llenar más la pava, usar más café, que no iba a mirar solo la ventana y que, quizás, nunca más volvería  llover.
Pero no, sólo fue puro capricho de querer que comprara unas tazas que sólo a vos te pueden llegar a gustar. Aunque ahora que las tengo, me encantan. Creo que porque en el reflejo de la luz a veces veo tus manos, o en el café suelo sentir el olor del perfume de tu piel. Y me encanta.
Uh, el agua. Siempre me olvido el agua. En realidad, siempre me olvido de todo. Me olvido de sacar la basura y me olvido de ver el mismo programa en la tele una y otra vez. Creo que varios dentistas me han insultado por no ir a mis turnos, y dejé de ir al psicólogo porque creo que el tipo había empezado a odiarme por faltar siempre. Aunque tenía que pagarle igual, no sé por qué podría enojarse. Cobraba sin trabajar… Qué se yo.

Qué asco este café. La pava todavía está caliente, seguro que es por todos los cafés que tomé. Este debe ser el cuarto. O el quinto.

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