Quiero hablar del
frío. El frío es bueno para tomar café. Es divertido ver como la ciudad se
viste de colores más oscuros, con atuendos más pesados, gorros y bufandas. Me
gusta. Incluso es bueno para pensar. Con
calor se torna complicado hacer trabajar a nuestros engranajes sin sentirnos
agobiados pasado un breve tiempo. Además, con el frío, casi siempre viene la
lluvia. Y sí que es lindo ver a la ciudad entre paraguas, entre gotas,
esquivando charcos. Un café mientras uno ve caer la lluvia, leyendo algún
cuento de Cortázar, o quizás no. Quizás mientras se escucha a Vivaldi, o un
poco de jazz. ¿Por qué no Pink Floyd?
Pero también
puede ser malo, demasiado frío impide incluso tomar café, y ni todas las
bufandas del mundo lo frenarían. Demasiada lluvia genera catástrofes. Ni siquiera con el clima se puede exagerar. Bueno, creo que es lo que menos tendría
que exagerarse…
Y hablando de
exagerar… Sí que soy bueno para eso. Es más, podría decir que es lo que mejor
hago. Y me gusta, incluso más que el frío. No hay nada que me guste más en el
mundo que exagerar (mentira). Y de ahí vienen todos mis problemas (otra mentira).
Recuerdo cuando por exagerar mis sentimientos, dejé de sonreír por mucho
tiempo.
Pero no es
momento para ponerse triste. Hace frío y estoy tomando café. Y miro por la
ventana. Y te veo. Y. Qué se yo, ojalá
pudiera bajar y abrazarte. Pero en realidad no te veo, ni estás allá abajo. Ni
estoy tomando café. Aunque es cierto que hace frío. Lo único verdadero es que
hace frío. De lo único que puedo estar seguro es de que hace frío. Y no puedo
estar seguro de que te estoy viendo, porque ya hace tanto que te fuiste que si
se lo cuento a alguien, incluso a Daniel, que siempre me entiende… Si se lo
cuento a alguien me tomarían por loco, porque todos fuimos al velorio, y todos
te vimos. ¿Está bien decir que eso eras vos? No, vos no estabas ahí. Vos eras
mucho más que un envase, y por eso quizás sea cierto que te estoy viendo por la
ventana, mientras tomo café y hace frío. Ven, ahora ni siquiera sé realmente si hace frío. Pero podría jurar que sí, que estás ahí y que todo lo que dije es
cierto. Aunque, eso sí, nadie me creería, ni siquiera Daniel.
Pero yo no quería
hablar de esto, yo quería hablar del frío, nada más. O quizás de que este mes
me aumentaron el sueldo. O de que por fin pude comprar el sillón que tanto te gustaba
¿Te acordás? Aunque no lo puse donde querías. Ahora uso el sillón para mirar
por la ventana, cuando hace frío y tomo café, y para verte pasar con tu bufanda
tejida a mano roja y verde y tu gorro
tan simpático e infantil que me da ganas de bajar las escaleras como un
velocista y abrazarte. Por eso me gusta el frío, porque es bueno para tomar
café.
muy bueno, me hizo volar!
ResponderEliminarGracias! Recién veo tu comentario.
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