domingo, 14 de abril de 2013

Imágenes en frío



Quiero hablar del frío. El frío es bueno para tomar café. Es divertido ver como la ciudad se viste de colores más oscuros, con atuendos más pesados, gorros y bufandas. Me gusta.  Incluso es bueno para pensar. Con calor se torna complicado hacer trabajar a nuestros engranajes sin sentirnos agobiados pasado un breve tiempo. Además, con el frío, casi siempre viene la lluvia. Y sí que es lindo ver a la ciudad entre paraguas, entre gotas, esquivando charcos. Un café mientras uno ve caer la lluvia, leyendo algún cuento de Cortázar, o quizás no. Quizás mientras se escucha a Vivaldi, o un poco de jazz. ¿Por qué no Pink Floyd?

Pero también puede ser malo, demasiado frío impide incluso tomar café, y ni todas las bufandas del mundo lo frenarían. Demasiada lluvia genera catástrofes. Ni siquiera con el clima se puede exagerar. Bueno, creo que es lo que menos tendría que exagerarse…

Y hablando de exagerar… Sí que soy bueno para eso. Es más, podría decir que es lo que mejor hago. Y me gusta, incluso más que el frío. No hay nada que me guste más en el mundo que exagerar (mentira). Y de ahí vienen todos mis problemas (otra mentira). Recuerdo cuando por exagerar mis sentimientos, dejé de sonreír por mucho tiempo.

Pero no es momento para ponerse triste. Hace frío y estoy tomando café. Y miro por la ventana. Y te veo. Y.  Qué se yo, ojalá pudiera bajar y abrazarte. Pero en realidad no te veo, ni estás allá abajo. Ni estoy tomando café. Aunque es cierto que hace frío. Lo único verdadero es que hace frío. De lo único que puedo estar seguro es de que hace frío. Y no puedo estar seguro de que te estoy viendo, porque ya hace tanto que te fuiste que si se lo cuento a alguien, incluso a Daniel, que siempre me entiende… Si se lo cuento a alguien me tomarían por loco, porque todos fuimos al velorio, y todos te vimos. ¿Está bien decir que eso eras vos? No, vos no estabas ahí. Vos eras mucho más que un envase, y por eso quizás sea cierto que te estoy viendo por la ventana, mientras tomo café y hace frío. Ven, ahora ni siquiera sé realmente si hace frío. Pero podría jurar que sí, que estás ahí y que todo lo que dije es cierto. Aunque, eso sí, nadie me creería, ni siquiera Daniel.

Pero yo no quería hablar de esto, yo quería hablar del frío, nada más. O quizás de que este mes me aumentaron el sueldo. O de que por fin pude comprar el sillón que tanto te gustaba ¿Te acordás? Aunque no lo puse donde querías. Ahora uso el sillón para mirar por la ventana, cuando hace frío y tomo café, y para verte pasar con tu bufanda tejida a mano roja y verde y  tu gorro tan simpático e infantil que me da ganas de bajar las escaleras como un velocista y abrazarte. Por eso me gusta el frío, porque es bueno para tomar café.

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