Veo tu copa en la mía
Y en el reflejo el silencio
Los nerviosos intentos
Otra vez me sirvo el vino
Y quiero hablar de nuevo
Beso el vino en la copa
Y tu voz rompe el silencio
Estruendo de mil rayos
Como arañazo en la pizarra
Te acompaño hasta la puerta
Muchas gracias y el silencio
martes, 16 de septiembre de 2014
lunes, 2 de junio de 2014
Siempre
Pueden pasar
tantos años como quieras, pero tu sonrisa nunca dejará de ser la única que me
eriza la piel solo con verla. Por más que pasen años sin oír tu voz –qué
tortura sería-, por más que nunca más pueda tocar tu piel, siempre estarás
presente en mis días y en mis noches y en cada una de las palabras que pueda
escribir. No hay motivos suficientes para dejar de enamorarme cada vez que
recuerdo tu sonrisa, cada vez que recuerdo tu voz. Y aunque lo niegue
rotundamente, aunque ponga todo mi empeño en evitarlo siempre serás la única.
domingo, 1 de junio de 2014
Camino de Regreso
El ventilador no
era suficiente. Guido no paraba de dar vueltas en la cama, totalmente
traspirado. Ese verano era, posiblemente, el más caluroso que había vivido. Y
estaba solo en casa. Era divertido: podía levantarse a la hora que quisiera,
dormirse tan tarde como resistiera, comer o no comer. Incluso hasta podía
evitar bañarse. Pero con ese calor…
Ya hacía bastante
tiempo desde que se había ido. Guido la había acompañado al aeropuerto,
cargando él con el equipaje que, por cierto, era bastante pesado. Ella era de
las mujeres que siempre llevan carga de más, que llevan mucha más ropa de la
que una persona puede llegar a usar; pero siempre sosteniendo que no es
suficiente. Y a Guido le gustaba que así fuera.
Ya eran las once
de la mañana, seguir en la cama era insostenible. Haciendo un pequeño esfuerzo,
se levantó y fue hasta el baño, donde se puso a punto para arrancar el día con
una ducha más que refrescante. El desayuno iba a ser totalmente pasado por
alto, lógicamente. Y quien sabe si el almuerzo también.
Ella se hubiera
enojado, no le gustaba cuando salteaba comidas. Siempre insistía en que tenía
que estar bien alimentado, pero Guido no le daba mucha importancia. Aunque se
enamoraba un poco más cada vez que sentía su preocupación.
Todo corría de maravilla
con ella, o eso parecía. No voy a decir que nunca discutían, porque bueno,
hombre, eso es imposible. Pero mantenían una relación que, a simple vista, era
muy buena. Se divertían mucho haciendo
cosas juntos, mirando repetidas veces los capítulos de Friends, charlando sobre
música o literatura o de la vieja de enfrente. Sus charlas siempre eran
apasionadas, incluso cuando hablaban de la vieja de enfrente.
La vieja de
enfrente siempre salía a barrer a las cuatro de la tarde, con una puntualidad
que marcaba firmemente que no tenía nada para hacer. Les daba un poco de pena
su soledad. Cada tanto venía su hijo a visitarla, pero él no se quedaba más de
dos horas. Pobre vieja de enfrente, se ponía tan feliz…
Guido estaba de
vacaciones, pero no las estaba disfrutando. Contaba las horas que faltaban para
que ella volviera. Le había comprado ese libro de Hemingway que tanto quería
leer. Lo tenía envuelto y con una dedicatoria preciosa. Guido sabía usar bien
las palabras, creo que con eso la había conquistado hacía ya unos cuantos años.
A las cinco de la
tarde… Cinco horas para que volviera. Guido se preocupaba de a ratos. Un viaje
de seis meses puede crear una persona nueva dentro de uno mismo. Pero luchaba
por no pensar en eso. Eran cinco horas más y descubriría la verdad.
Salió a dar un
paseo para intentar hacer que el tiempo pasara un poco más rápido. El
aeropuerto no estaba muy cerca de su casa, pero no tardaba más de cuarenta
minutos en llegar. Caminó una cuadra y se acercó al puesto de diarios de la
esquina. Lo atendía un hombre grande, un poco gordo y con anteojos. Tenía cara
de buena gente y un sombrero muy lindo. Guido lo saludó y le pidió el diario de
deportes. Sacó unas monedas de su bolsillo y pagó.
Caminando con el
diario bajo el brazo fue hasta la plaza que estaba a dos cuadras y se sentó en
un banco a leerlo. Entre página y página se quedaba un rato mirando a la gente
que pasaba, a los perros y a las palomas. Cada tanto algún chico pasaba cerca
corriendo y jugando. Siempre le gustaron los chicos. Aunque no así los bebés.
Cuando alguien le daba a su bebé para que Guido lo agarrase comenzaba a
sentirse muy incómodo, sin saber qué hacer con el bebé en brazos, ni cómo
sostenerlo bien. Seguro que el bebé la pasaba tan mal como él, porque debía
sentir su incomodidad. Tanto el bebé como Guido querían escapar de esa
situación cuanto antes. Pero siempre el más veloz para encontrar la salida era
el bebé: llorar.
Luego de un poco
más de una hora, se levantó del bancó y volvió a su casa. Iba a armar su
mochila con algunas cosas y ya ir a tomarse el subte. No quería llegar tarde y
que ella tuviera que esperarlo. Tampoco quería estar un segundo de más sin verla.
No tardó mucho en
armar la mochila –no tenía que poner demasiadas cosas, solo una botella de
agua, una campera, lo básico para moverse unas horas-, y agarró un cuadro de
ellos dos. Lo miró fijo y sonrió. Lo apoyó de nuevo en la mesita donde estaba,
se cargó la mochila al hombro y salió a la calle.
En el subte
miraba su reloj atentamente, sin perderse un solo segundo. Estaba muy ansioso y
sentía que cada segundo tardaba más en pasar. Miraba la cara de los viajeros: a
la señora vestida completamente de verde y con un sombrero rojo, al tipo que
escuchaba con mucha pasión música de sus auriculares, al padre con su hijo, a
los dibujitos en los vidrios. Próxima parada: el aeropuerto.
Salió del metro
con su mochila y siguió a la masa. La parada estaba adentro del aeropuerto, así
que solo quedaba ir hacia la puerta donde ella saldría y esperar la hora y
media que faltaba.
Se sentó en un
café a esperar. Pidió un té, posiblemente el té más caro que había comprado,
sacó Estudio en Escarlata y comenzó a leer mientras a gente pasaba y se
reencontraba. Mientras a su lado nacían mil abrazos en cientos de idiomas,
morían recuerdos para dar lugar a nuevos presentes, llegaban valijas cargadas y
se formaban sonrisas.
En los
aeropuertos uno puede apreciar situaciones muy divertidas, como la gente que
llega envuelta en ropa y camperas del otro hemisferio y se encuentra con un
calor agobiante o los grupitos que llegan con más valijas que personas. Pero
también, del otro lado, están las despedidas. A nadie le gustan las despedidas,
incluso si tienen la promesa de un hasta luego, de un volveré. Una despedida
crea incertezas que solo desaparecen en el rencuentro.
Y así estaba
Guido, intentando leer por lo menos una página, pero no le era posible. Pensaba
en cualquier cosa menos en Sherlock Holmes y el Dr. Watson. ¿Cómo iba a
hacerlo? Seis meses esperándola y estaba tan cerca… Miraba de nuevo su reloj,
el tiempo no parecía pasar.
La gente iba de
un lado a otro, volvía y se iba. Se reencontraba y se despedía, siguiendo la
rutina de un aeropuerto. Pero Guido seguía esperando, faltaban cinco minutos
pero la aguja parecía clavada. Creía que hacía horas estaba esperando los
últimos cinco minutos. Y si juzgaba por la gente que había visto pasar, no estaba
tan errado.
Decidió
levantarse del café y acercarse más hacia la puerta. Pagó el té y se fue. Se
sentó en uno de los bancos del aeropuerto, mirando al monitor que decía “Vuelo
NQ23 Aerolineas Argentinas Aterrizado”. Alternaba su vista entre el monitor y
su reloj y la gente que pasaba y la puerta donde ella saldría. Pero el
segundero parecía no avanzar, y el monitor seguía estático y la puerta nunca se
abría. Pero la gente no dejaba de pasar.
domingo, 25 de mayo de 2014
No hay como el papel
No hay como el papel
para dibujar ideas
para mentir sentimientos.
No hay como la lluvia
para acompañar estos momentos
Día gris, poesía negra.
Pero entre un mate y un café
no sé con quién quedarme.
El café, solitario asumido.
El mate, para tapar el agujero.
Mentir, escribir y café.
Lluvia, tus ojos y un mate.
No hay como tu piel.
Miento, escribo y llueve
No sé con quién quedarme,
no hay como el papel.
para dibujar ideas
para mentir sentimientos.
No hay como la lluvia
para acompañar estos momentos
Día gris, poesía negra.
Pero entre un mate y un café
no sé con quién quedarme.
El café, solitario asumido.
El mate, para tapar el agujero.
Mentir, escribir y café.
Lluvia, tus ojos y un mate.
No hay como tu piel.
Miento, escribo y llueve
No sé con quién quedarme,
no hay como el papel.
miércoles, 21 de mayo de 2014
París
París
de a poco se humedece con la lluvia, las calles se llenan de paraguas y
yo empiezo a mojarme. Sentado a pocos metros del Jardin des Plantes, me
resulta imposible no comenzar a inventar historias sobre nosotros,
caminando empapados por el boulervard Montparnasse o por los senderos
del jardín de Luxemburgo. París no me ayuda.
Nuestra historia está llena de golpes, subidas y bajadas, pero ningún
galardón ni premio. Sin embargo nunca me canso de creer. Nunca se me
agotan los planes de una vida juntos, sea en París o en La Plata.
Tomando mates en Champ du Mars o en el Paseo del Bosque; nunca reparo
demasiado en el lugar.
Pero no puedo mentir... París emboba mi corazón y me siento en un cuento
de Cortazar o bebiendo coñac con Hemingway y la generación perdida.
Y cómo evitar las ganas de tomar tu mano en un café, mirando las
hermosas y alborotadas calles de la cité, las ganas de subirme a otro
peldaño y comprarte un vestido en la Avenue des Champs Elysees, claro
que para verte con él pero más para ver que te lo saques.
Pero no son más que ideas, planes sin cuerpo que una vez se seque la
lluvia se irán. Mas París no ayuda, pues no deja de llover.
lunes, 24 de marzo de 2014
24 de marzo
Tres meses después Nochebuena
Señora, usted está arrestada
Hoy tomamos el poder
Reorganización y antiterrorismo
El país cuarteado, termina por quebrarse
Corrupción, violencia y mentiras.
Respirar es peligroso, pensar está prohibido
Madres sin sus hijos, novios sin sus novias
Amigos que no están ¿dónde se han metido?
Ni muertos, ni vivos y la asquerosa impunidad
De gobernantes asesinos.
Borrachos al gobierno, guerras sin sentido
Frío y hambre en Malvinas
“Estamos Ganando” nos decían
Nuestros pibes no pensaban parecido.
30.000 se fueron y no contamos sus familias
Que hoy siguen buscando verdad
Un poco de luz sobre los hechos
Que se leen en las más oscuras páginas
De la historia de un país.
Señora, usted está arrestada
Hoy tomamos el poder
Reorganización y antiterrorismo
El país cuarteado, termina por quebrarse
Corrupción, violencia y mentiras.
Respirar es peligroso, pensar está prohibido
Madres sin sus hijos, novios sin sus novias
Amigos que no están ¿dónde se han metido?
Ni muertos, ni vivos y la asquerosa impunidad
De gobernantes asesinos.
Borrachos al gobierno, guerras sin sentido
Frío y hambre en Malvinas
“Estamos Ganando” nos decían
Nuestros pibes no pensaban parecido.
30.000 se fueron y no contamos sus familias
Que hoy siguen buscando verdad
Un poco de luz sobre los hechos
Que se leen en las más oscuras páginas
De la historia de un país.
martes, 11 de febrero de 2014
Deseo
Te conocí como el
deseo, como la lujuria. Seductora, inalcanzable. Rebalsando deseo y pasión y
sexualidad en su más puro estado. Como una foto que escondo para no volverme
loco, como un recuerdo que intento esquivar, para no dejar todo y salir a
buscarte. Ni una noche pasé sin desearte, ni una tarde sin recordarte. Y
tiemblo cada vez que pienso en tu calor, cada vez que extraño tu cuerpo, que
vuelvo a desear tu piel.
Y pensar que otro
comparte su piel con vos, me enfurece. Porque vos sos el
deseo. Vos sos mis delirios de carne, mis secretos. Porque tu piel es el cielo
y necesito tu calor. Hoy sos el deseo, la lujuria. Seductora e inalcanzable.
Rebalsando deseo y pasión.
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