miércoles, 21 de mayo de 2014

París

París de a poco se humedece con la lluvia, las calles se llenan de paraguas y yo empiezo a mojarme. Sentado a pocos metros del Jardin des Plantes, me resulta imposible no comenzar a inventar historias sobre nosotros, caminando empapados por el boulervard Montparnasse o por los senderos del jardín de Luxemburgo. París no me ayuda. Nuestra historia está llena de golpes, subidas y bajadas, pero ningún galardón ni premio. Sin embargo nunca me canso de creer. Nunca se me agotan los planes de una vida juntos, sea en París o en La Plata. Tomando mates en Champ du Mars o en el Paseo del Bosque; nunca reparo demasiado en el lugar. Pero no puedo mentir... París emboba mi corazón y me siento en un cuento de Cortazar o bebiendo coñac con Hemingway y la generación perdida. Y cómo evitar las ganas de tomar tu mano en un café, mirando las hermosas y alborotadas calles de la cité, las ganas de subirme a otro peldaño y comprarte un vestido en la Avenue des Champs Elysees, claro que para verte con él pero más para ver que te lo saques. Pero no son más que ideas, planes sin cuerpo que una vez se seque la lluvia se irán. Mas París no ayuda, pues no deja de llover.

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