martes, 12 de junio de 2012

Sólo tocar tu pelo y delirar, alucinar. Tenerte cerca y pobre mi corazón que, desesperado, se mueve de aquí a allá. Te veo pero no estás, toco tu recuerdo con mis manos, hablo con fantasmas. ¿Dónde estarás? ¿Pensarás en mí?

domingo, 20 de mayo de 2012

- Adentro y cállese- dijo el guardia empujándolo adentro de la celda.
      El reo lo miró, en sus ojos se veían el miedo y el odio. El hombre cerró la puerta y la luz se apagó. Dentro de la celda estaba completamente oscuro, no había nada ni nadie.
      Crimen imperdonable, pecado inhumano. Ahora estaba encerrado en una habitación tan horrible como sus últimas acciones. Sin luz, sin compañía, sin ninguna distracción posible. Y tendría que esperar allí mucho tiempo, seguro, no lo sabía. Es más, dudaba si algún día iba a poder salir.
      Recordaba el color verde del pasto, el celeste tan profundo del cielo, recordaba los sonidos de la naturaleza: la música de los pájaros, los quejidos de los insectos y las conversaciones de los perros. Ya la extrañaba. Pensó en ella y en cómo disfrutaba tocándola, como lo llenaba de placer. Se imaginaba tocándola, poseyéndola y siendo poseído; sus dedos sentían su suave tacto que solía lastimarlos llenando aún más de placer la situación. Recordaba la felicidad que le daba ser un humilde imitador de la naturaleza. Pensando y recordando, sentado en un rincón, lloró hasta quedarse dormido.
      Se despertó, dolorido, con la voz de alguien que pasaba un plato con comida hacia la celda, si es que se le podía decir comida. Era tan asquerosa que optó por no comer.
      Pasaba el tiempo, mucho más lento para él. En su cabeza sonaban algunos arpegios y una melodía que hacía no mucho tiempo sus dedos la hacían vivir. No soportaba más el encierro. Morir era lo mejor que podía pasarle. Pero no iban a ser tan amables con él. No, debía sufrir; criminal, sinvergüenza, anti-evolución, vago.
   
     Ya al tercer día no tuvo más opción que comer. Esa mezcla uniforme contenida por un plato más sucio que la misma celda era repugnante, pero la comía con desesperación día tras día.
     Seis meses habían pasado desde que había sido encerrado, seis meses sin hablar, seis meses sin correr, seis meses sin ver el cielo, la luna y las estrellas. Medio año en soledad.
    Un día, o una noche, creyó escuchar el sonido de una guitarra, creyó escuchar un acorde vibrando en las cuerdas, rebotando en la madera y saliendo al mundo para ser disfrutado. Un día, o una noche, un año después de haber cometido el crimen, de haber creado, creyó volver a estar rompiendo las reglas, creyó escuchar su guitarra. Y perdido entre su imaginación, la música y su locura, un día o una noche, cerró suavemente sus ojos...

domingo, 22 de abril de 2012

Se marchitan las horas esperándote, igual que las flores de un árbol al que se le privó el agua. Parece eternizarse esta soledad, creo que me estoy acostumbrando. Quizás la disfrute, quizás disfruto sufriendo. Estúpido romántico. Qué lindo sería poder darle un respiro a mis sentimientos.

martes, 10 de abril de 2012

Llega la noche después de un largo día. Aparece esa necesidad de manchar una hoja, de armar algunas palabras. Pero también ataca el sueño, compañero de la rutina, fiel amigo. Me hace repensar; y ahora esas ganas que antes rebalsaban se ven encerradas en relojes, alarmas, apuntes y mecanismos tan aburridos como ese tiempo en la sala de espera del dentista.
Esas ganas de escribir no se rinde, sin embargo. Y vencido el sueño, sólo queda sentarse y ver nacer, ver crear. Para que al terminar todo vuelva a donde estaba, y renazcan los relojes, las alarmas, los apuntes, la rutina.

lunes, 9 de abril de 2012

Si hoy estoy acá.

Si hoy estoy acá
sentado y sonriendo,
fue por esa noche
cuando rompiste el hilo
que sostenía la razón
al mirar con tus ojos
fríos como el invierno
profundos e infinitos,
azules como el mar.
Con tu sonrisa brillante
iluminabas la noche
que bien oscura estaba.
Y el tacto de tu piel
fue la bomba que rompió
todas las paredes que encerraban
a mi vida, un corazón
mi sonrisa, alguna lágrima.
Si hoy estoy aca
sentado, no sé si sonriendo
fue por esa noche
cuando me diste vuelta la cabeza
y te metiste dentro de ella.

jueves, 5 de abril de 2012

Qué sé yo.

Me mirás y el azul eléctrico y glacial de tus ojos me quema, me congela, no lo sé, pero me ataca. Tu sonrisa tímida y simulada, mi pulso aumenta, y con el tacto de tu piel, tan fría que duele, tan tibia que da vida, ya ni siento tu fulminante mirada, ya el tiempo no pasa. Te alejás y mis manos sólo quieren volver a tocarte y mi cuerpo quiere volver a ser congelado con el brillo de tus ojos. Me mirás... Y qué sé yo.

domingo, 18 de marzo de 2012

Sonreír.

Ver una foto, una sonrisa; escuchar una voz; o simplemente recordarlas o imaginarlas son motivos suficientes para que surja esa necesidad de expresarse a través del papel, buen medio para hacer más llevaderas algunas noches solitarias.
Ver una sonrisa... ¿Qué puede ser más hermoso que ese instante, ese momento en el que se forma una en la cara de alguna mujer? ¿Qué podría embellecerla más que una sonrisa en la cara?