viernes, 11 de octubre de 2013

Te voy a esperar, deberías saberlo. Te voy a esperar mientras siga viéndote,  mientras sigas sonriendo como lo haces y no pueda sacarte mis ojos de encima. Nada tiene sentido, solo esperarte.

Aunque ni siquiera si desaparecieras de repente,  si me fuera lejos o si te subieras a ese avión dejaría de esperarte y de buscar excusas para hablar con vos, para saber como estas, para asegurarme de que nunca se borre tu sonrisa, para intentar hacerte entender que no existe otra sino vos.

lunes, 16 de septiembre de 2013

Maldigo

Juro que intento evitar palabras que den pena, que sólo escondan tristeza. Pero me es imposible. No puedo dejar de escribir párrafos que rueguen por un poco de tu atención, que frenen el llanto cambiándolo por garabatos en un papel.
Mientras tanto, miro el reloj y bien sé que estás despierta, igual que yo. Pero podría apostar a que en nuestras cabezas no están las mismas ideas: en la tuya, él; en la mía, vos. Saber que estás despierta lo hace todo más difícil, hace volar mi imaginación. Y vuela tan alto que me asusta.
Tu indiferencia solo alimenta mi odio y me rencor hacia todas las demás mujeres que alguna vez me dieron la espalda. Pero, al mismo tiempo, me hace desearte aún más y más. Me maldigo y maldigo al amor. Una vez más, termino maldiciendo y quejándome. Culpándome, culpando a otros, inventando excusas, buscando explicaciones. Y quizás no haya culpables ni haya explicaciones. Simplemente este invierno es más largo que otros y sólo tengo que esperar a que cambie mi suerte.

miércoles, 24 de julio de 2013

Uno, cuatro o cinco.

Siempre es bueno un café, incluso éste, que es el cuarto que tomo. ¿O es el quinto? No, definitivamente es el primero. La pava estaba caliente, pero no recuerdo haber tomado otro café hoy. Quizás estaba caliente por estar cerca de la hornalla donde cociné. No sé, no es importante. Tampoco es trascendental contar que afuera llueve y hace mucho frío, pero algunos detalles pueden servir para que me sigan. Por ejemplo, ayer manché el mantel con aceite y rompí un vaso. Y hoy no hice nada más que tomar café –pero si tomé uno solo...- y mirar por la ventana. Ver como llueve y agarrar el maldito teléfono que me invita a llamarte. Pero sé que es inútil y que no vas a atender. Ya intenté, por eso lo sé. Más temprano probé en llamarte –miento, sólo tomé un café y miré por la ventana- y no contestaste. Si sólo supieras lo que sufro cada vez que me ignorás, cada vez que caés en otros brazos, cada sonrisa que no es para mí, cada noche que no estás conmigo.
 Si sólo lo supieras… Pero no me dejás contártelo, no contestás el puto teléfono. ¿Por qué? ¿Acaso tenés miedo de escuchar la verdad? Puras tonterías mías, cómo si yo te importara. Sé que alguna vez te importé, por eso me pediste que comprara esas tazas tan horribles que a vos te gustaban; en un momento llegué a pensar que vendrías seguido a casa, y tendría que llenar más la pava, usar más café, que no iba a mirar solo la ventana y que, quizás, nunca más volvería  llover.
Pero no, sólo fue puro capricho de querer que comprara unas tazas que sólo a vos te pueden llegar a gustar. Aunque ahora que las tengo, me encantan. Creo que porque en el reflejo de la luz a veces veo tus manos, o en el café suelo sentir el olor del perfume de tu piel. Y me encanta.
Uh, el agua. Siempre me olvido el agua. En realidad, siempre me olvido de todo. Me olvido de sacar la basura y me olvido de ver el mismo programa en la tele una y otra vez. Creo que varios dentistas me han insultado por no ir a mis turnos, y dejé de ir al psicólogo porque creo que el tipo había empezado a odiarme por faltar siempre. Aunque tenía que pagarle igual, no sé por qué podría enojarse. Cobraba sin trabajar… Qué se yo.

Qué asco este café. La pava todavía está caliente, seguro que es por todos los cafés que tomé. Este debe ser el cuarto. O el quinto.

sábado, 13 de julio de 2013

Todo calla

Siento que al mirar tus ojos
Marrones, oscuros y profundos
Tu piel suave e impecable,
Todas las aves del mundo
Emprenden el camino de vuelta
Y llegan a casa, 
con la nostalgia del que vuelve.
Siento que todas las flores del mundo
Deciden morir
Y volver a nacer en tu pelo
Que se apaga el rumor del mar
Y la sal se pega en nuestra piel
Cuando miro atento tus ojos
Se me olvida para qué estoy
O por qué me fui
Cuando escucho tu dulce voz
Suenan las más hermosas melodías
Cantan los mejores pájaros
-Los más fuertes y coloridos-,
Suenan afinados instrumentos
Y todo el resto calla.
Cada vez que vuelvo a vos
-Aunque nunca me vaya-
Pierdo todo lo que tengo
Y lo cambio por locura

lunes, 29 de abril de 2013

Empezar

No me gusta admitir
que mi problema es empezar
a escribir una historia
o a vivir una con vos

No sé si es mi culpa
o de estas cadenas
que me atan a mi silla
y no me dejan avanzar

Te conocí en la oscuridad
huyendo del pasado
encarando un nuevo presente,
mi nueva forma de vivir

Y vos estabas casi como yo
perdida buscando una luz
la diferencia entre nosotros
es que yo la vi en vos.

Y ahora te tengo
solo como una estrella
que ilumina mi noche
pero no me da calor

Quizás te busque demasiado
y por eso no te encuentre
quizás ni siquiera te busco
y ni siquiera te encuentre

domingo, 14 de abril de 2013

Imágenes en frío



Quiero hablar del frío. El frío es bueno para tomar café. Es divertido ver como la ciudad se viste de colores más oscuros, con atuendos más pesados, gorros y bufandas. Me gusta.  Incluso es bueno para pensar. Con calor se torna complicado hacer trabajar a nuestros engranajes sin sentirnos agobiados pasado un breve tiempo. Además, con el frío, casi siempre viene la lluvia. Y sí que es lindo ver a la ciudad entre paraguas, entre gotas, esquivando charcos. Un café mientras uno ve caer la lluvia, leyendo algún cuento de Cortázar, o quizás no. Quizás mientras se escucha a Vivaldi, o un poco de jazz. ¿Por qué no Pink Floyd?

Pero también puede ser malo, demasiado frío impide incluso tomar café, y ni todas las bufandas del mundo lo frenarían. Demasiada lluvia genera catástrofes. Ni siquiera con el clima se puede exagerar. Bueno, creo que es lo que menos tendría que exagerarse…

Y hablando de exagerar… Sí que soy bueno para eso. Es más, podría decir que es lo que mejor hago. Y me gusta, incluso más que el frío. No hay nada que me guste más en el mundo que exagerar (mentira). Y de ahí vienen todos mis problemas (otra mentira). Recuerdo cuando por exagerar mis sentimientos, dejé de sonreír por mucho tiempo.

Pero no es momento para ponerse triste. Hace frío y estoy tomando café. Y miro por la ventana. Y te veo. Y.  Qué se yo, ojalá pudiera bajar y abrazarte. Pero en realidad no te veo, ni estás allá abajo. Ni estoy tomando café. Aunque es cierto que hace frío. Lo único verdadero es que hace frío. De lo único que puedo estar seguro es de que hace frío. Y no puedo estar seguro de que te estoy viendo, porque ya hace tanto que te fuiste que si se lo cuento a alguien, incluso a Daniel, que siempre me entiende… Si se lo cuento a alguien me tomarían por loco, porque todos fuimos al velorio, y todos te vimos. ¿Está bien decir que eso eras vos? No, vos no estabas ahí. Vos eras mucho más que un envase, y por eso quizás sea cierto que te estoy viendo por la ventana, mientras tomo café y hace frío. Ven, ahora ni siquiera sé realmente si hace frío. Pero podría jurar que sí, que estás ahí y que todo lo que dije es cierto. Aunque, eso sí, nadie me creería, ni siquiera Daniel.

Pero yo no quería hablar de esto, yo quería hablar del frío, nada más. O quizás de que este mes me aumentaron el sueldo. O de que por fin pude comprar el sillón que tanto te gustaba ¿Te acordás? Aunque no lo puse donde querías. Ahora uso el sillón para mirar por la ventana, cuando hace frío y tomo café, y para verte pasar con tu bufanda tejida a mano roja y verde y  tu gorro tan simpático e infantil que me da ganas de bajar las escaleras como un velocista y abrazarte. Por eso me gusta el frío, porque es bueno para tomar café.

martes, 9 de abril de 2013

¿Te dije alguna vez...?



¿Te dije alguna vez que escondo todo lo que puedo? ¿Te dije alguna vez que te escondo y te encierro en cajas de acero? No, claro que no. Si el que se encierra soy yo. Además, ¿Quién lo haría? Si puedo verte entre los barrotes de esta mi cárcel. ¿Te dije alguna vez que no hago otra cosa que mentir? Me miento a mí, miento siempre que puedo. Y lo peor de todo, te miento a vos. Te miento porque temo perderte, temo no ser digno siquiera de verte entre la sombra de mi enrejado.  ¿Alguna vez te mencioné que sos para mí como la espada de un caballero? Y no sólo por la que es temido, sino también la que puede matarlo. ¿Te dije alguna vez que sólo pienso en tu sonrisa, en tu voz, en tu mirada? ¿Te lo dije alguna vez?