miércoles, 20 de febrero de 2013

Frío como el plomo.


El ambiente estaba a cada instante más frío. Tan frío que ya había comenzado a temblar. Pero, sin embargo, todo el cuerpo le transpiraba. Su respiración estaba agitada, bastante, y en sus ojos se podían ver algunas lágrimas. Frente suyo, un frío metal, una mano, un brazo, una persona. Un arma cargada.
Estaba tan asustado como nunca lo había estado, y ni siquiera estaba seguro de a qué le tenía miedo. Nunca había pensado tan rápido tantas cosas… Generalmente el miedo viene cuando uno no sabe lo que va a pasar, o no está del todo seguro. Él sí que lo estaba, sabía que esto no iba a terminar bien. Quizás el miedo venía de dudar si iba a sufrir o no. Si morir iba a ser terrible o divertido. Eso lo aterraba. Nada más aterrador que un destino incierto.
Parecía que había pasado una eternidad, pero apenas si el segundero se había movido de su lugar. De su lado todo era dudas y miedo. Del otro rabia y odio, pero también un poco de miedo y dudas. Matar a alguien no debe ser cosa fácil. Y menos cara a cara, viendo sus ojos, sus gestos, su forma de sufrir. Quizás por eso le estaba llevando tanto tiempo. El hombre en el suelo solo deseaba que terminara.
Comenzó a pensar en todas las cosas hermosas de nuestro mundo y en cuánto iba a extrañarlas. También pensó en si iba a poder extrañarlas… Pensó en su hermano, la única persona que realmente lo iba a echar en falta. Desde sus catorce años –y 17 de su hermano- eran inseparables. Lo único que hizo que tomaran caminos diferentes fue toda la maraña que lo trajo a esta situación. Su hermano había podido escapar, él no. Pero estaba seguro de que no iba a ser fácil para su hermano asimilar su muerte, y menos en estas circunstancias.
El hombre que apuntaba parecía no decidirse nunca  a disparar, estaba tan asustado como él. Era la primera vez que iba a matar a alguien.  Pero tenía que hacerlo, era su deber. Cuando comenzó a prepararse para disparar finalmente, miles de recuerdos aparecieron en la mente de la futura víctima, recordó sus días de universidad, el negocio con su hermano, y esa vez que.

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