Ahora que hace
calor es difícil tener agua fría en la heladera, requiere mucha disciplina y yo
no la tengo. Tomar un vaso y llenar la botella de vidrio, esa que me regaló mi
tía Beti, la de las burbujitas. Yo tomo el vaso y guardo la botella… Además con
la poca presión de agua que hay en casa. No, imposible. Lo mismo me pasa con el
hielo, aunque ahí quizás tengo un poco más de constancia. Sin embargo, tengo
pocas cubeteras y a veces consumo más de lo que puedo producir. Todo un tema.
Por eso no me gusta el calor: todo pegajoso, las manos, las piernas con el
sillón, la cara brillosa (asqueroso). Hasta dormir se vuelve complicado y
encima todo eso de las botellas, el agua y los cubitos. El calor es una cagada.
Sí sí, ya sé todo
eso de la pileta, la playa y los días lindos. Entiendo que eso suma, pero
pierde contra tener las manos pegajosas. Lo bueno son las vacaciones. Quedarse
hasta tarde mirando el techo, porque mucho más que eso no hago. Todas las
noches miro el reloj y cualquier hora de la madrugada me parece temprano y
cualquier hora del mediodía me parece temprano y me levanto para desayunar
milanesas con puré, si es que hay, o con mostaza. Me gusta la mostaza. Una vez
compré una francesa que la pagué con un ojo, pero valió la pena. Me daban ganas
de comerla así como así. Y eso que estuve en Francia… no sé por qué no comí
mostaza ahí. Cosas que pasan.
Qué lindos
recuerdos. En París no hacía calor, quizás por eso me gustó. Sí, no fui en
verano. Pero hasta donde yo viví, en París no hace calor, así que me gusta. Me
gustan los quesos, el café no, la Crème brûlée, las calles pintorescas y me gusta pensar en vos
cuando miro el Sena. Me gustaba sentarme en un banco, mirar la gente pasar- si
estaba cerca del río, mejor; si no, también- y escribir algo, seguramente a tu
nombre, aunque nunca te lo diga, en lo que tuviera a mano, una servilleta o en
el teléfono. Es horrible escribir en el teléfono, pero es lindo escribir si
estás implícita en alguna oración o en una palabra o incluso si sólo te
cruzaste por mi mente y no tiene nada que ver. Es lindo pensar en vos.
Pero quizás esta
sea la última vez (¡Obvio que no va a ser la última vez!). Es lindo pero aburre
porque es siempre lo mismo. Ya van muchos años y nunca cambió nada, ni un
poquito. Y eso que en un momento pensé que sí, eh. Pero siempre fuiste buena
para mostrarme que no cambia nada, la reina de lo estático. ¿Decís que no sabías? Vamos, todos lo
sabíamos. Sí, vos también. Quizás ahora te das cuenta que lo sabías. Pero
saber, lo que se dice saber, lo sabías. Ya lo habías sabido, no se puede dejar
de saber. Te podés olvidar, pero eso es otro tema.
Yo nunca me
olvidé. Incluso me acuerdo esa vez que me diste un café horrible. ¡Qué feo era!
Encima estaba frío. Pero lo tomé, porque todavía no nos conocíamos mucho y no
me animé a decirte “Che, calentá un poco esto porque es un asco”. Hoy te lo
diría. Sí, ahí tenés razón. Algunas cosas cambiaron. Yo no soy tan boludo (un
poco sí) y vos sos tan cruel como antes pero tu sonrisa es más linda y entonces
lo disimulás mejor. Hay ratos en los que
ni me doy cuenta. Sí, sos cruel aunque no quieras. No pongas esa cara, estamos
hablando bien.
¿Sabés qué me
gusta de las personas? La facilidad para ir cambiando de temas sin darse cuenta.
Yo empecé quejándome del calor y ahora me quejo de vos. O de mí con vos. Y
ahora está todo muy tenso, hasta el perro nos mira con cara de intriga. Él debe
sentir que está viendo como una especie de película, pero tipo de ciencia
ficción porque hay bichos raros hablando. Nosotros. ¿Tendrá subtítulos?
Bueno
bueno, me pongo serio. Pero ya me voy yendo porque no tengo nada más para
decir. No me importa, esta vez no me importa. Dejame ser el malo una vez en la
vida. No me interesa escuchar lo que querés decir. Vas a intentar convencerme y
todo va a seguir igual y no quiero seguir aburriéndome. Quiero ir de nuevo a
París y mirar el Sena y no pensar en vos y escribir y no pensar en vos y comer
queso y ver si todos los cafés son feos o solo el que probé. Y quiero volver
sin tierra en los bolsillos ni en las manos. Y si tengo tierra en los bolsillos
que no sea por vos y que me lo agradezcan. Porque no cualquiera tiene tierra en
los bolsillos. Perdón si hablé mucho y mal. Creí merecerlo por eso de la tierra
en los bolsillos o lo del café feo o lo de tu sonrisa y ni hablé de tu voz y ni
hablé de tu piel. O por lo de no saber o porque sé que no es la última vez por
más que quiera o por lo que va a doler mañana (como cuando empezás a ir al
gimnasio) o porque hace calor y estoy de mal humor y encima no tengo agua fría
en mi casa ( la tía podría haberme regalado dos botellas, sabe cómo soy).
Bueno, basta. Acordate que no cualquiera vuelve con tierra en los bolsillos. Me
voy.
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