Aun no entiendo bien
cómo funciona. No tiene engranajes ni circuitos electrónicos y no pude
encontrar una función que lo describa –ni una, ni dos, ni n variables-. Intenté
armar algunos modelos; no lo hagan: siempre fallan.
Quizás es que no hay que entenderlo y por eso
no lo entiendo. Sólo cuando entienda que no se puede entender, lo voy a
entender. Es decir, voy a entender que no entiendo y que nada puedo hacer. Dejarlo
fluir. Fluido no viscoso, caudal constante, línea de corriente… No, tampoco
funciona. Ya sospechaba que no iba a servir.
Además, ni
siquiera puedo predecir mi comportamiento bajo ese campo… Bah, asumo que es un
campo. ¿Qué otra cosa puede ser? Sin embargo, bastante extraño. Parece que solo
unos pocos objetos son sensibles. Y cuando intenté analizar la dependencia con
la distancia… Encontré resultados estrambóticos y contradictorios. Parece que al
aumentar la distancia, se hace más intenso. Pero probé acercándome demasiado y…
Gente, podía notarse su tendencia al infinito.
Como verán, es
bastante complicado. No es que no encontré forma de predecir por idiota o por
vago. No la encontré porque no existe. Caos.
Pero, sorprendentemente,
luego de tantos fracasos pude llegar a una conclusión. Encontré por qué me
atrae tanto. Es ese caos, esa imposibilidad de predecir la que me atrae. Es
saber que tu piel tiene una química casi igual a la de todo el mundo, que tus
ojos tienen la misma distancia focal, que tu risa produce las mismas ondas que
cualquier otra; pero que, sin embargo, sólo me interesa esa piel, esos ojos y
esa risa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario