martes, 25 de noviembre de 2014

Modelos y aproximaciones



Aun no entiendo bien cómo funciona. No tiene engranajes ni circuitos electrónicos y no pude encontrar una función que lo describa –ni una, ni dos, ni n variables-. Intenté armar algunos modelos; no lo hagan: siempre fallan.
  
Quizás es que no hay que entenderlo y por eso no lo entiendo. Sólo cuando entienda que no se puede entender, lo voy a entender. Es decir, voy a entender que no entiendo y que nada puedo hacer. Dejarlo fluir. Fluido no viscoso, caudal constante, línea de corriente… No, tampoco funciona. Ya sospechaba que no iba a servir.

Además, ni siquiera puedo predecir mi comportamiento bajo ese campo… Bah, asumo que es un campo. ¿Qué otra cosa puede ser? Sin embargo, bastante extraño. Parece que solo unos pocos objetos son sensibles. Y cuando intenté analizar la dependencia con la distancia… Encontré resultados estrambóticos y contradictorios. Parece que al aumentar la distancia, se hace más intenso. Pero probé acercándome demasiado y… Gente, podía notarse su tendencia al infinito.

Como verán, es bastante complicado. No es que no encontré forma de predecir por idiota o por vago. No la encontré porque no existe. Caos.

Pero, sorprendentemente, luego de tantos fracasos pude llegar a una conclusión. Encontré por qué me atrae tanto. Es ese caos, esa imposibilidad de predecir la que me atrae. Es saber que tu piel tiene una química casi igual a la de todo el mundo, que tus ojos tienen la misma distancia focal, que tu risa produce las mismas ondas que cualquier otra; pero que, sin embargo, sólo me interesa esa piel, esos ojos y esa risa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario