Nunca fui regular
en esos lugares. Sólo voy cuando tengo cierta obligación moral de hacerlo, si no
intento huir. A mucha gente le divierte, a mí más bien me deprime. Las pocas
veces que fui –para cumpleaños de amigos o fiestas organizadas por ellos- en lo
único que podía pensar era en irme, y miraba atento el reloj esperando a que
fuera una hora no tan desubicada de largarme.
Pero cuando me
dijiste que vos ibas a ir… De repente esa era la mejor opción, nada podía
superarla. Así que comencé a revolver cajones, buscando la vestimenta
apropiada, lo que entonara más con la situación; y por supuesto lo que podía
llegar a gustarte más. Todo lo hacía por vos.
Por fin llegué a
ese infierno, a ese mar de gente sudada y calor. Y te buscaba… Te encontraba y
te perdía… Me es imposible borrarme de la cabeza cuando te vi por primera vez
entre el tumulto de la gente, si es que eso era gente. Caras tapadas, todos
vestidos de verde, siguiendo una especie de coreografía un poco desorganizada.
Yo podía sentir cómo me miraban, como un león mira a una gacela antes de correr
hacia ella. Me sentía intimidado por sus máscaras, su uniforme y su movimiento
cual títeres. Pero en el medio de todo eso, estabas vos con un vestido negro
que quería convencer a mis ojos de que estabas aún más hermosa que de
costumbre.
Nos vimos y yo te
clavé mis ojos, ansiosos por encontrarte. Vos me miraste, o me tiraste con una
bola de nieve, no estoy seguro. Sentía como un frío antártico venía hacia mí
desde tus ojos, congelando todo alrededor. Incluso muchos de los verdes se
apartaron por el frío. No era solo sensación mía.
Me saludaste. Yo
temblaba de frío –y de miedo- pero hacía un gran esfuerzo por soportarlo. Te
pregunté cómo andabas, me dijiste “bien” y diste media vuelta llevándote con
vos al frío y creo que alguna parte de mí.
¿Había sido todo
en vano? ¿Me había esforzado en venir a este galpón, con esta gente tan extraña
–que seguía mirando de forma amenazadora- sin poder conseguir siquiera una
sonrisa? No iba a dejar que eso fuera así y, fiel a mi estilo, comencé a pensar
y a intentar armar una estrategia para robarte una sonrisa.
Comencé a
recorrer el lugar, un poco asustado. Sonaba una música extraña y había de esos
verdes por todos lados. Algunos tenían máscaras diferentes, pero todos con la
misma ropa. Se me ocurrió que quizás se debía a rangos, o distintas clases
sociales de su organización. Pero no sé si tendrá algo que ver, quizás
simplemente las eligen.
No hacía más de
cuatro minutos que estaba caminando cuando cometí un gran error. Me metí entre
medio de varios verdes y quedé acorralado. Creí que iba a morir. Me observaban
y hablaban entre ellos. Discutían, supongo que sobre mí. Y yo estaba callado,
cada vez me sentía más pequeño, en el centro de un círculo de verdes. La
discusión duró 6 minutos contados segundo a segundo con mis dedos y vaya a
saber uno por qué, me dejaron seguir caminando. Quizás querían ver cómo me
comportaba, una especie de curiosidad científica.
Al salir del
círculo, comencé a sentir nuevamente el frío y supe que estabas cerca. Y te vi,
tu vestido negro se distinguía fácilmente y tu cara brillaba por sobre las
caretas de los verdes. Me acerqué a vos.
- Hola, te estaba
buscando –dije
Solo me miraste.
- ¿Cómo andás?
–pregunté
Y te quedaste
callada, sin hacer nada. Mirándome, o apuntando tus ojos hacia mí. Yo esperaba
la respuesta, pero no llegaba. Seguís ahí, como tildada. No lograba
comprenderlo. El primer minuto fue extraño, llegué a pensar que te había pasado
algo. Pero me di cuenta que tu cara no mostraba ningún signo de dolor o
sufrimiento. Y, sinceramente, yo seguía preocupado por las miradas –que todavía
seguían- amenazantes de los verdes. Pero, amigos, quince minutos en una misma
posición no es algo normal. Y menos normal es quedarse viendo cómo no te
responden.
Pero a los
diecisiete minutos te decidiste a responder.
- ¡Bien! –
dijiste con tono alegre
- ¿Hace mucho
estás acá?
- No, llegué hace
una hora. Hora y media cuanto mucho.
Se hizo un breve
silencio.
- ¿Sabés algo de
los verdes?
- ¿Qué verdes? –
preguntaste sorprendida
- De los viernes,
si también abre este lugar los viernes. – dije para no quedar como un idiota
que veía cosas que no existen
- ¡Ah! A veces
abre, pero para ocasiones especiales. En general no.
- Qué lástima, me
gusta mucho este lugar –mentí para quedar bien
Y otra vez te
quedaste callada, sin moverse siquiera. Empecé a pensar si en realidad no
querías hablarme y por eso quedabas dura, sin responder hasta que sentías pena
por mí y decías algunas palabras para complacerme. Yo todavía necesitaba tu
sonrisa.
Nuevo récord, ya
habían pasado más de diecisiete minutos y seguías en la misma posición, con la
misma expresión. Yo estaba pensando un plan de escape, por si los verdes, de
repente, querían matarme. No estaba seguro de lo que podía pasar con ellos.
Cuando me habían encerrado había sido todo muy extraño y complicado de
entender. Sobre todo por el idioma extraño en el que hablaban y la música
extraña que nunca dejaba de sonar.
Media hora.
- Es muy
divertido. Pasa muy buena música y la gente es muy buena onda- dijiste
Yo no sabía qué
decir, no podía entender cómo podía decir eso de los verdes y de su música
estrambótica. Pero había que seguirle la corriente.
- Sí, no sé por
qué no vengo tan seguido. La estoy pasando muy bien.
No fue necesario
que pasara un segundo de terminar de decir eso para que todos los verdes
decidieran mirarme, con un aire aún más amenazador que antes.
-Me alegra. –dijiste-
Sabía que la ibas a pasar bien, por eso te dije que vengas.
Los verdes
seguían acechando.
- Pero, tengo que
irme – le dije casi con voz de sufrimiento-. Me quedaría más tiempo, pero me
están esperando afuera.
Los verdes
estaban comenzando a caminar lentamente hacia mí. Tenía que irme rápido.
-Me voy, pero no
sin antes decirte que estás muy linda hoy. Muy linda. Adiós.
Sonrió. Yo sonreí
–y eso que se acercaban los verdes-.
Comencé a correr,
pero ellos seguían a la misma velocidad. Me escabullí entre los pocos espacios
que quedaban y con mi objetivo conseguido salí a la calle, donde ya no había
verdes. Pero tampoco estaba ella. Aunque tenía en mi memoria guardada su
sonrisa, algo que se iba a apropiar de mis sueños por un buen tiempo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario